Ahí estaba entonces, esperándome en el exacto lugar en el que la había olvidado. First time I met the blues. El cantante de los Yardbirds suena como un negro pero no lo es. Disonancia. Mientras ella se acerca sin apuro, me digo que la voz debe de ser la de Buddy Guy.
Se instala en silencio junto a mí. Recuerdo una tarde de infancia en las cercanías del puente del río Santa Lucía, un reel nuevo, una tarta de manzanas, las trenzas rubias de Patricia, mi hermana. Siempre en silencio, me acaricia el lomo como a un perro viejo y cansado. Caricia imposible y lustral. Bajo la cabeza y pienso en la felicidad, esa cosquilla. La levanto. Sigo solo en el sillón del estar. Dos fotos. El vaso de oporto por la mitad.
Arturito de los tres pelitos, atiborrado de champagne y foie gras, me grita desde la cocina, muy convencido:
–Vos pretendiste el lago de los cisnes con un gorila, mi frustrado Rothbart. Errores así no hay calendario que los perdone. El tiempo no pasa, pasamos nosotros. Lo sabés muy bien.
Ombliguismo, un roedor temblando de rabia frente al espejo. Ascendencia y descendencia en la misma nebulosa. Agitación en una placenta que nunca será. Gloria a lo absoluto. La certeza íntima de una última e inevitable soledad. La verdadera comunión.
Se instala en silencio junto a mí. Recuerdo una tarde de infancia en las cercanías del puente del río Santa Lucía, un reel nuevo, una tarta de manzanas, las trenzas rubias de Patricia, mi hermana. Siempre en silencio, me acaricia el lomo como a un perro viejo y cansado. Caricia imposible y lustral. Bajo la cabeza y pienso en la felicidad, esa cosquilla. La levanto. Sigo solo en el sillón del estar. Dos fotos. El vaso de oporto por la mitad.
Arturito de los tres pelitos, atiborrado de champagne y foie gras, me grita desde la cocina, muy convencido:
–Vos pretendiste el lago de los cisnes con un gorila, mi frustrado Rothbart. Errores así no hay calendario que los perdone. El tiempo no pasa, pasamos nosotros. Lo sabés muy bien.
Ombliguismo, un roedor temblando de rabia frente al espejo. Ascendencia y descendencia en la misma nebulosa. Agitación en una placenta que nunca será. Gloria a lo absoluto. La certeza íntima de una última e inevitable soledad. La verdadera comunión.