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Paf se acabó

Triste escribirte en esta tarde de domingo en que el sol se cuelga de los edificios, en que se ve la larga fila de autos que se muerden los talones sin tregua. Ciudad de grúas, de sol aguado, ciudad burbuja. Juntos hemos hecho y deshecho el tiempo, pero seamos francos, este antro empezó a morir cuando Arturito de los tres pelitos decidió desempolvar sus mejores camisas y su breve pero impecable conjunto de corbatas de seda italianas.

De teorías poco graciosas

Cuando me imagino viejo, barbudo y cansado, querido apenas por algún gato, pseudo filósofo de cantina del estilo misántropo a conciencia, me veo escribiendo un vomitivo tratado cuyo título es Teoría del humor. Me centro en los famosos one-liners y escribo el tratado entero en ese registro (intuyo que responde a una tipología textual más que a un registro, pero igual, a esa altura soy viejo y creo haber ganado el derecho de decir lo que se me antoja). Para honrar a Nietzsche quisiera escribirlo en alemán pero aun a esa edad sigo sin dominar tal engendro.

Nunca nadie lo leerá por completo. Ni siquiera yo mismo pues, siguiendo la sombra del Chapulín Colorado y de Mozart, usaré un generador automático de one-liners para escribir el cincuenta por ciento del mamotreto. Tengo en mente, si no le reventó el hígado a esa altura, pedirle un veinticinco por ciento a Arturito. Será la parte más subterránea. El resto será mío, supongo. Pero todo esto no importa porque en el fondo el libro es un chiste privado, es decir no gracioso. Como subtítulo manejo: "Lo que calló Jaimito" o "De la primera costilla a Jim Carrey, historia de una larga digresión". Como decía, un chiste privado.

Si para esa época, barbudo y cansado, tal vez algo canoso, la ley de Pareto me sigue amparando, el veinte por ciento de los lectores (tres, con suerte) se encargará de lanzarme los cuatro quintos de pedradas correspondientes. No es una mala perspectiva, después de todo. Indiferente, me limitaré a mencionar a Vonnegut y, entre bastones y gagueras, sabré que es por lejos mejor ser despreciado que caer en el olvido.

So it goes.

Groucho

—Vos siempre el mismo anacrónico, negro —me apostrofa Arturito de los tres pelitos, que volvió de un largo invierno y desde hace media hora investiga mi nuevo apartamento—. Ahora te colgás con la genialidad de Groucho Marx y no hay quien te soporte, leés encerrado en el baño del hotel para no joder a aquélla, como si contigo no tuviera suficiente, buscás durante horas en Internet, arrasás youtube cual pichón del azote de Dios, vos que de huno no tenés ni medio, si me permitís chascarrillo y figura por el mismo precio. Che, linda cueva tenés ahora, qué andarás fabricando.

Lo interrumpo para comentarle que lo que el tipo le hace a Bill Cosby es para sacarse el sombrero.

—Y vos de seguro te sacarías el chambergo o el jipijapa, sin querer ofenderte. Naciste en el siglo equivocado, mi viejo —me alcanza un vaso de vino—. Catame este tinto Rioja que te traje de España. Es crianza y propiamente un asco, mejor sería masticar roble o la sordina del piano. Lo que es un milagro es que no te gusten los vestidos de muselina y no honres ajenjo y rapé como debería alguien con tu perfil. A ver, nombrame un filósofo, un músico, un humorista y un escritor que veneres y estén vivos.

Vacilo algunos segundos, digo que eso de venerar habría que verlo en detalle, luego cito en orden y poco convencido a Sloterdijk, Gad Elmaleh, Abelardo Castillo y me quedo en blanco, pensando en un músico posible. El vino es intragable. ¿Smith? ¿Waits? ¿Buarque? ¿Calamaro? ¿Jarrett? ¿Tiersen? Decisión imposible, queda poco y lo que llega, cuando no es mierda en polvo, apenas se acerca a lo aceptable.

—Mirá —me dice canchereando, mientras revisa todos los armarios de la cocina en busca de algún sólido—, el germano te gusta por provocador, decís Gad sabiendo que Pettinato es más brillante y que a Ryan Stiles no le llega ni a los tobillos, fijate un poco. Y Castillo, maestro, se lo merece, pero tanto como Peri Rossi. Pero no sabés qué más decir porque vos en realidad hubieras querido decir Nietzsche, Mozart, Groucho y Poe, o, por qué no, llenarte la boca con Thoreau, Gainsbourg, Coluche y Borges, u otras variantes similares, figuritas que, mal que te pese, están más manoseadas que las remeras con el Che estampado.

Me limito a acotar que tal vez no se equivoque.

—Gran amante del litote saliste, perlita de arrabal. Tu problema no admite demasiadas soluciones. Dejando de lado el suicidio, que negás andá a entender por qué, tenés la nostalgia, el polo norte y el rummy canasta.

No recordaba que le gustara tanto cansar los maxilares. Además no es exactamente un litote por el rasgo condicional del tal vez. Pero lo sabe, me está toreando. Cito de memoria a Luis Rosales: como sé que al morir terminará la muerte.

—Y mi tía Gregoria —me dice antes de abrir la heladera—. Bueno, pizpireta dama de organdí, hasta la heladera está vacía. Rajo al súper a comprar algo porque ya veo que vos mucho Groucho pero para picar ni un queso pasado de época como vos, esas franchuterías que te gustan tanto y que además de abundar en grasas saturadas sirven para espantar cucarachas y mosquitos. Aguantame. Te dejo masticando el vino.

Tal vez vuelva. Difícil saberlo con Arturito. Por lo demás, tiene razón, cada lectura de un suplemento cultural, cada acercamiento a los estantes de novedades en librerías y disquerías confirman lo que la bestia de los tres pelitos dice con tanta dulzura. Dejando de lado otras decadencias que plagan los cuatro vientos, la que más difícil me hace la vida es una de orden estético. No creo que cambie. Ni la situación ni Arturito. No es grave, el polo norte no está nada mal, lo cual, además de confesión, califica como litote.

Historias

Transcribo un pasaje del último correo de Arturito, en el que me cuenta una historia incomprensible de un amigo.

“Y entonces es como te digo: convencido de que la fidelidad, además de cumplir con el efecto doppler, no es una cuestión de principios sino más bien un entorpecimiento de fines, el tipo embiste contra casi todo ejemplar del sexo opuesto, a condición de que verifique ciertos requisitos que, para mi gusto, más que mínimos son propios de un plan de emergencia.

Pero ahí va él, loco de la vida, si no fuera porque ante sus inminentes treinta y siete años, zas, le vino un ataque de paternidad y aunque el mundo siga andando y su loca algarabía, nada que hacerle, el tipo quiere un vástago. Porque el hombre es árabe y un hijo es ley. Porque el hombre es hombre y busca trascender. Porque el tipo quiere y qué sé yo.

Curioso lo que sucede en casos así, en los que terminás conociendo un poco más a alguien. Híbrido de Keynes y Mary Scioli, mi amigo comienza a perfilar una solución a su dilema según unas oscuras leyes de oferta y demanda sentimental. Así lo vengo viendo desde hace meses, calculadora en mano, deshojando probabilidades.

La princesita de esta historia se llama Nada y esto no va en clave de alegoría, negro: la mina también es árabe y los viejos habrán pensado que era un lindo nombre; después de todo los árabes comerciaron el cero, así que no embromés. Pero Nada vive en Siria y él en Francia, por lo que no es nada fácil, si me permitís el chascarrillo cuartetero, que se presta: ¿no es nada fácil? ¿nada no es fácil? ¿fácil no es nada? En fin, esta aberración de interrogantes me hace acordar a un blog que frecuentás.

Además de Nada, la troupe se conforma por Dima, Mariana, Nejiba, Louise y la traductora de alemán. Nacionalidades primero. Dima también es siria, Mariana nació en Grecia, Nejiba es tunecina, Louise, inglesa, y la traductora de alemán, creo que francesa. No te me marees todavía con las pretensiones geoamorosas de este tipo porque el melodrama recién arranca.

Hace una eternidad, en Siria, mi amigo fue pareja de Nada pero la dejó por otra piba. Según él, cito, porque la piba era un monumento y tenía mucho dinero y él era joven (¿y necesitaba el dinero?). En fin, cuestión que cuando la Paris Hilton de Damasco le dio el voleo cantado, mi amigo se vino a Francia. Pasado un buen tiempo, estuvo en pareja con Dima —ex compañera de estudios de Nada—, quien, a su vez, cedió a presiones familiares y lo dejó por un francés con guita. Abstenete de comentarios, oh fanático del karma, porque, pese a todo, un par de años más tarde, mi amigo estableció una relación de pseudo-amigo-amante con Dima sin que esto le impida a ella continuar hasta hoy con el franchute, que por lo visto muy despierto no es.

El trío que sigue es de corte tentempié. Con Mariana compartió unos años de estudios en Francia y desde hace casi un año comparte otras cosas, aunque según los caprichos de la muchachita, más impredecible que el clima últimamente. Nejiba —nieve en árabe— es masajista y nunca entendí cómo apareció en su vida. La manera en la que mi amigo le dijo que le parecía una tonta fue: lo que pasa es que vos y yo compartimos intereses diferentes: a vos te gusta la moda, la farándula, los reality shows... Asegura no comprender por qué lo tomó a mal, aunque eso no impide que el sutil muchacho la siga viendo y la tenga en el banco de suplentes. A la traductora de alemán la conoció en un tren, volviendo de Alemania, lo cual tiene bastante sentido. Relación más bien satelital y aleatoria, mi amigo le atribuye escasas probabilidades.

El caso de Louise, once años más joven que él, es más intrigante. Desde el vamos, hace casi un año, me dijo que no le gustaba, que no le atraía y, principalmente, que no la soportaba. Luego, misterio magno mediante, comenzó a salir con ella. Hace cinco meses, Louise se fue de misión a África. Alivio total, música, guirnaldas. Sin embargo, hasta el día de hoy se siguen hablando y él, a toda costa, le deja creer que son pareja, idea que a ella le permite sobrellevar sus días más oscuros, que en el Sudán, al parecer, son legión.

Te evito el otro chiste fácil porque en realidad te hablé de una princesita. En julio pasado, luego de resolver su situación legal en Siria, es decir pagarle un dineral a la dictadura siria para que no lo siguieran considerando un desertor, el tipo pudo volver a su país después de ocho años. Visitó familia, amigos, vecinos, perros, piedras, y en la mitad de un tour de ex novias se topó con Nada. Y ante mi repulsión por lo kitsch de esta historia, en efecto, mi viejo: diez años después el amor resurgió. Volvió a verla en diciembre pasado, nuevamente en Siria, muy contento de que su marido estuviera en el ejército. Mi amigo jura por Alá y todos los mártires que los dos están enamorados pero que es una historia imposible. Tiendo a creer que el hijo de Nada puede ser un impedimento de orden mayor, cuando no el marido, que tal vez sea Mayor. Porque si bien él quiere un hijo, varios indicios me hacen pensar que quiere uno propio.

Teniendo en cuenta que estas cosas suceden, en su mayoría, en paralelo, entenderás ahora por qué necesita una calculadora. Yo, que he sido esencialmente monotarea en este sentido, aunque con yuxtaposiciones temporales tendiendo a prodigiosas, le repito de cuando en cuando que abandone los cálculos y se encomiende a Alá, que es grande. Pero me parece poco probable que lo haga porque, según dice, aún no ha ido a la Meca. En mis momentos más cínicos le sugiero que establezca un harem. Me trata de envidioso.

Por ahí tiene razón.”

No entiendo lo del efecto doppler, pero allá él y sus piruetas; peor aún es que no logre entender del todo la historia. Mea culpa. De momento sigue Gardel cantando sublime tango: Esta noche para siempre terminaron mis hazañas. Un chamullo misterioso me acorrala el corazón...

Fin de tregua

Ahí estaba entonces, esperándome en el exacto lugar en el que la había olvidado. First time I met the blues. El cantante de los Yardbirds suena como un negro pero no lo es. Disonancia. Mientras ella se acerca sin apuro, me digo que la voz debe de ser la de Buddy Guy.

Se instala en silencio junto a mí. Recuerdo una tarde de infancia en las cercanías del puente del río Santa Lucía, un reel nuevo, una tarta de manzanas, las trenzas rubias de Patricia, mi hermana. Siempre en silencio, me acaricia el lomo como a un perro viejo y cansado. Caricia imposible y lustral. Bajo la cabeza y pienso en la felicidad, esa cosquilla. La levanto. Sigo solo en el sillón del estar. Dos fotos. El vaso de oporto por la mitad.

Arturito de los tres pelitos, atiborrado de champagne y foie gras, me grita desde la cocina, muy convencido:

–Vos pretendiste el lago de los cisnes con un gorila, mi frustrado Rothbart. Errores así no hay calendario que los perdone. El tiempo no pasa, pasamos nosotros. Lo sabés muy bien.

Ombliguismo, un roedor temblando de rabia frente al espejo. Ascendencia y descendencia en la misma nebulosa. Agitación en una placenta que nunca será. Gloria a lo absoluto. La certeza íntima de una última e inevitable soledad. La verdadera comunión.

Campings IV

Milo llega arrastrando su lenta marea de caracoles. Cambio de perfil obligatorio. Segundo café mientras discutimos unos cinco minutos sobre si Carla Bruni es música edulcorada o de la postalina. Mientras yo me inclino por lo primero y Milo vacila, Arturito interrumpe su lectura (Zazie dans le métro, cuarta o quinta vez) para decir al pasar que en su modesta opinión es mierda líquida. Nos interrumpe un grito y los tres desviamos la vista. Vemos entonces cómo el muchacho de la carpa de al lado, no, esa no, la otra, la que está cerca del camping car de los nórdicos (hiperbóreos perdidos; profundamente mudos), se agacha a lavar una cacerola y primero es la espalda, tupida, demasiado tupida y blandengue, pero luego descendemos y para qué explicarte que la ruta se bifurca en razones más bien cavernosas. Arturito cita de memoria un verso del Corán. Milo ensaya su gesto de comerciante javanés sorprendido por un tsunami. Como ya la veo tentada a iniciar una danza kecak (que tanto le fascinan) para ahuyentar la perniciosa imagen, me digo que lo mejor será realizar un breve balance de estos primeros quince días.

Y en el principio fue una tarde entre navidad y fin de año, llegar y comprobar que los mejores predios ya estaban tomados, horas de pesquisas hasta dar con uno más o menos decente. La deformación profesional quiso que levantar el campamento tuviera pretensiones de obra perenne, salvo por Arturito que, indiferente, armó su iglú en quince minutos y bajó a la playa. Dos horas más tarde, faltaba hablar en codos para emular la hazaña del patriarca Noé cuando cayó la primera visita. Vecino cordial y sanducero, torso desnudo que permitía establecer que más que grávido estaba de diez meses. Nos informaba sin preámbulos sobre los desplazamientos solares y las sombras implicadas durante la jornada. En criollo, la carpa estaba muy mal ubicada.

Campings I

En un camping uno se hace amigo del viento, de los grillos y de los baños todavía operacionales. Y es que por ahí, además del fogón, la guitarra, el porro y el repelente de mosquitos, el espíritu campamentista consiste también en educar auditivamente a un pueblo a base de la sonora borinquen en raciones de 140 dB; o tal vez emular el sistema comunicacional de las cotorras pero tomando como fonema universal el eructo, esa bola de aire y felpa con aroma a chorizo y vino lija. Y corre la lija. Y crece el barullo.

—¿Y para cuándo ese post sobre las tres canciones que mencionan a los yacumenza, negro? —me recrimina Arturito de los tres pelitos, a quien no pudimos sacarnos de encima y levantó iglú cerca pero lo más lejos que pudo. El balance que evita el golpe de péndulo, como suele decir el energúmeno.

Desde la hamaca paraguaya en la que escribo estas líneas, a mitad del primer café salvador y detrás de la inevitable cortina de lagañas, yo me pregunto si lo que más me molesta a esta maldita hora es la barba o la barbie de la carpa de enfrente, que no tiene barba pero vino en modelo carpincho, oh diosa hirsuta de las costas rochenses, morituri te salutant, danos una hora más para honrarte y un día sin viento, de ser posible. ¿Los toldos? Bien, gracias, ahora que el siroco amainó un poco. El siroco no nos dejó un ceroka porque se reventaron un par de cuerdas, pero más se perdió en la guerra, cariño. ¿El siroco? Una marca de jugos, bebé. ¿El ceroka? Un amigo del barrio. Stop.

Solito

—Lo que pasa es que vos tenés alma de fuelle, avivando llamitas moribundas mientras los grandes incendios te pasan al lado sin que te des cuenta. Un gil de cuarta, eso sos, mi viejo.

Ya extrañaba a Arturito de los tres pelitos. Extrañaba sentir esa profunda repulsión que cualquier cambio de corriente puede transformar en ternura, condescendencia o camaradería. Porque ante mis quejas palmípedas más de una vez R2D2 antepone el argumento de pecata minuta. Poco le importa el sube y baja que va de las caricias como lenguas hasta los anuncios baldazo-de-agua-fría. Y yo acá sigo, para variar pensando en atrincherarme en la Antártida, si possible…

—Te vas a cagar de frío al santo rocket, mon petit —acento del sur; mala imitación de un marsellés—. Y además no vas a arreglar nada. Vos querés entender, alimentar la misma máquina tragamonedas de siempre. Cual destino de chapulín, vas frito, te anticipo. Esa insatisfacción con tentáculos y mil ojos te perseguirá como un elemental. Si lo que antes unía fuertemente hoy no es sino ceniza sobre un plato gris, es en gran medida responsabilidad tuya. Bailes así te los buscás solito y lo más cómico es que en el fondo no te gusta bailar. Bicho raro sos, oh solitario pariente de Samsa. Triste gusano, tus anélidas convulsiones breve vida tendrán.

Lo interrumpo con un gesto porque cuando comienza a sermonearme cadenciando el vaso y hablando como Yoda, logra sacarme.

¿Y si tiene razón? No me gusta bailar, no. Pero yo y los ovillos, hélas, terror de abuelas, un chimpancé con un martillo en la casa de Swarovski. Por ahí los fuelles… et pourtant, et pourtant… (cf. Aznavour)

Leonardo

Desde París, Arturito de los tres pelitos me manda un mensaje que me permito transcribir in totum.

“Juancho, amortiguame estas líneas porque no doy más. ¿Alguna vez te acostaste con la esperanza de amanecer muerto? ¿Tuviste ya esa sensación de que cada paso más es un paso menos y que te hundís y no hay vuelta atrás? Un desenlace de arenas movedizas. Previsible. Infame. Imposible de evitar.

Mi casa es casi una volqueta, sucucho perfectamente amigado con la mugre y el desorden. Y más allá, yerma y yerma. Visión del otro. Ninguna esperanza.

Dice mi amigo Gustavo que hay problemas para los que no hay solución posible y cuyo mejor destino es un cajón de escritorio cualquiera. A mí, que de equilibrista y fracasos cuento años, siempre se me ha antojado que su solución no dista mucho de guardar una bomba activada bajo la almohada: bastaría cualquier pesadilla como para que todo vuele a la mierda en pedacitos, considerandos como gamuza e insultos mordidos porque las buenas costumbres y todo eso que nos hace ser tan pero tan queribles claro que sí.

Y así va Gustavo. Nada mal, para serte sincero. Yo, que suelo rumiar lento y darles vueltas y vueltas a las cosas con una obsesividad pegajosa y detestable, desde hace demasiadas semanas ya me encuentro frente a uno de esos problemas, mitad axiológico, mitad sentimental. Y no sé qué hacer.

Las distancias abren espacios y hacen su trabajo de hormiga. La tristeza profunda es imposible de desterrar. Estas son las líneas más sinceras que te haya enviado jamás, flaco, y eso es al mismo tiempo una falencia porque en lo que a mí respecta, y te lo digo con cariño, tu opinión me importa tres carajos. Será que la distancia y el frío me ponen sentimental. Será.

Siguiendo rituales que no entenderías, ayer fui al Louvre. El cuadro que más me gusta de Leonardo es Santa Ana, la Virgen y el Niño con cordero. Hace no mucho soñé que lo tenía en mis manos y lo observaba con una alegría que dudo haber sentido fuera de un sueño. Mirándolo con detenimiento, noté estupefacto que la tela tenía una mancha de tinta china. No muy grande, permitía disfrutar el cuadro casi sin problemas. No tan pequeña, me recordaba a cada maldito instante que la perfección del cuadro estaba malograda. Y en el sueño, todo el tiempo, yo quería pretender que la mancha no importaba. Lo peor de desear algo con ardor es saber desde el vamos que nunca lo vas a lograr. A la alegría le siguió la profunda tristeza, esa imposible de desterrar y para la cual no encuentro cajón alguno, malgré las tácticas de vida de mi amigo Gustavo.

Tristeza infinita de un mono catastrofa: cualquiera que lo haya visto sabe que el cuadro es realmente hermoso.”

Me había olvidado cuánto le gusta Underground. Arturito. ¡Qué nene!

México

Y fue por eso mismo que quedamos con Arturito de encontrarnos en México.

—Y mirá, negro —me había dicho por teléfono desde París—, que a mí el DF me descompone en tres minutos. Así que a moverse un poco. Te llevo un pote de foie gras y la última de Les Inrocks. Vos aportame una grappamiel, no seas piojo.

Difícil moverse en una ciudad de 40 x 30 km, en la que la informalidad es emblema y la altura y el smog no ayudan y uno anda días y días como un perfecto idiota, con la cabeza partida al medio y la nariz sangrando de cuando en cuando. Así que ahora, al amparo de un vino demasiado joven, el perfecto idiota comienza a permear en algo que del otro lado del espejo se puede verbalizar como una posible e incompleta aproximación por palabras clave: ahorita, tantito, dizque, mano, mande, chile, mole, tortilla, sumido, fresa, chido, híjole, órale, ándale, rico, joven...

El fracaso está cantado y sólo queda confesar que del DF me queda esa sensación de inaprensible, la casa de Trotsky, los murales de Diego Rivera y el impresionante museo de antropología. Del resto del país, con el energúmeno en cuestión pudimos visitar Guanajuato (tumba de cartógrafos), Taxco, Teotihuacán y Cuernavaca. Cuentos hay muchos pero, puesto a seleccionar peculiaridades, me animo a esbozar la lista siguiente.

El mariachi es de Jalisco y en Jalisco nadie se raja porque rajarse es de cobardes. Tiens, tiens...

A los grillos se les dice chapulines. Se los come fritos. Se venden en bolsas en la calle y en los mercados.

Mismo destino estomacal tienen los jumiles (ver foto debajo), sólo que estas inmundicias se comen vivas y yo ya me imaginaba la sensación de las patitas en la lengua. Memorable la cara de R2D2 ante una chava que insistía en hacerle probar los movedizos y repugnantes insectos. Pese a su lamentable estado, supo mantener intacto el poco orgullo que le va quedando.

No quedan excluidos de una buena dieta los gusanos de maguey (ver foto debajo). Yum yum.

Tierra de entomófagos entonces. Pero no es todo porque el país es también un caldo de cultivo para tanatólogos de paso y almas en pena. Las catrinas dan fe de ello.


La historia es larga pero este post se quiere indicativo. Por lo tanto, queda como ejercicio averiguar qué son los alebrijes.

Arturito ya volvió a Francia y dijimos de reencontrarnos el año próximo, hacia fines de marzo. Y mientras algunos se preparan para el gordo de fin de año o para hundirse hasta el fondo en las merecidas vacaciones, yo prefiero seguir con el mismo tema musical, cuestión de ir tomando impulso para el gran salto (¡Mal! ¡Mal! ¿Cómo, no va hacia atrás? ¡Sí! Pero entienden mal a ese hombre cuando se quejan de eso. Va hacia atrás como todo aquel que quiere dar un gran salto). Lo mío va por el lado de la cardiología extrema; nada que hacerle. De tan predecible doy asco y sin embargo, un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera. Ni tan arrepentido ni encantado de haberme conocido, lo confieso; tú, que tanto has besado, tú, que me has enseñado...

Me gustan los aviones

"Crisis de los 30 enmarcada en una personalidad analítica hiperracional, entre otros rasgos" y "egocéntrico inofensivo" son de las cosas más bonitas que me han dicho en este último mes. ¿Y el vínculo entre ambas, además de su valor de verdad? Enigma de esfinge.

En el equipo de audio, Clara, de enetevegé. No miento si confieso que la semana pasada me dediqué durante días a escuchar casi que exclusivamente dos temas, ambos de los Buitres: Milonga Rante y Carretera Perdida. Este último rompió todos los récords y sonó 15 horas de corrido en casa. ¿Y?, me dirás. Nada, negro, nada. Eso. ¿Y para qué hacés eso de escuchar repetidamente una canción?, me dirás mordiendo amenazantemente un escarbadientes y con un aire cancherito que desde ya te aviso que podés ir dejando en la puerta. Porque es como si el tiempo se detuviese. Largo de explicar. Tsunami y té de hongos y afuera fuegos de artificio mientras Papá Noel confiesa en el noticiero central su pasado de stripper. ¿Cachás? Ya me parecía.

Dos semanas es mucho o poco, según interrogues a una falena o al Cósmico. Arturito sigue misteriosamente en Francia y quien escribe estas líneas recuerda las quesadillas y los tamales chez Jorge con singular gula. No será Porto Alegre, pero en el fondo siempre he intuido que P.A. no es más que una figura que podría igualmente resolverse con Arcadia o el boliche El Resorte porque el asunto viene por otro lado y eso se huele de lejos.

Como este antro tiene amigos varios ya y todos resultan por demás ingeniosos y capaces de agregar más títulos de futuros posts, aquí va una lista que conformamos entre chats y correos con Circe y Eunice. Tómese a título ilustrativo, por supuesto.

  1. Nunca me fijo en las patillas de un hombre
  2. Todo en 2': tribulaciones de un precoz
  3. Oiga, deberíamos asociarnos ud. y yo
  4. Sólo me duele cuando lo toco
  5. Ya va a salir: manual de autoayuda para el estreñido
  6. ¿En qué sentido me lo dice?
  7. Documentos perdidos
  8. A no ser que sean de látex
  9. Una media en la cabeza
  10. Y sí, soy una perra: confesiones de un sosías de Lassie
  11. Acomodalo, dale
  12. Un placer hacerlo reír
  13. Cuando el tiempo era una promesa
  14. La novia de América
  15. Siempre tan modesta
  16. Sus motivos tendría
  17. Casamiento, hijos y que la banda siga tocando
  18. El día menos pensado
Hace poco, bajando unas escaleras junto a Rodia, se me ocurrió que habría que recopilar un conjunto de "últimas frases". En ese momento me vino a la mente: "¿Y está cargada?". Rodia agregó: "¿Qué camión?". Otras me vinieron a la mente mientras volvía caminando a casa: "Pero no muerde, mirá", "Bue, cortemos el cable rojo entonces", "Qué cornisa más linda, viejo", "¿Cuántas personas resiste este ascensor?", "No, el cinturón de seguridad me dificulta la digestión"... La idea promete y una búsqueda muy ligerita en Internet no me dio la pauta de que se encuentre fácilmente un documento de tal valía. Dicho sea de paso, en la wikipedia ya se encuentra cualquier cosa. ¿Se ha preguntado ya alguien la verdadera diferencia entre la wikipedia e Internet?

Y la canción sigue sonando. La lleva bien pegada al corazón / se alegra de nunca despedirla / Pero no va más por la orilla caminando / porque sabe que era hermoso entre los dos...

Oxímoron

Hoy tocó día de ponerse al día. Fácil jugar así. Decir que recuerdo el tiempo en que teníamos tiempo para perder el tiempo. Galeano encore une fois. Entre nínfulas y sílfides y preludios de Rachmaninov como hormigas coloradas y unos libritos de Michel Houellebecq y de Bernard Werber que una colega me traerá próximamente de tierras galas, tomo nota de algunas cosas que me van diciendo, cuestión de no perder contacto con la realidad, ese gran banco de niebla. Milo, por ejemplo, confiesa, en relación con su madre: "nos une la vianda". Mientras pienso que es una frase para clamar en plena barra brava de un programa de elgourmet.com, golpéandose el pecho para señalar de inmediato el cielo, me digo que esa vianda resulta un curioso sustituto del cordón umbilical. Por otro lado, un amigo, muy culto él, acota: "Yo leo Shakespeare en el siglo XXI, en prosa y en español e igual disfruto como una perra en celo". Dudo entre el fétiche canis o la poesía arrabalera. No sé por cuál inclinarme, aunque sinceramente este amigo es demasiado culto como para que la alusión a la perra en celo no admita una segunda lectura. Finalmente, encuentro un mail en el que rescato una charla con una amiga. De cuando en cuando ideamos publicidades o diálogos ficticios, suponiendo que el resto de las cosas escape al calificativo. Una en la que las moscas promocionaban leche cuenta entre las más memorables. En esta charla, la reputada maga decía: "Modelo de levante formal: Disculpe, señorita, ¿qué proyectos a futuro tiene ud? ¿Le parece que tenga alguna chance de participar en ellos?" La idea era seguirlo, pero quedó por ahí como todo lo que puede llegar a ser bueno pero muere por algún motivo, ya sea tristeza, desconfianza o desidia. No sé a qué viene esto. Supongo que ahora que Arturito volvió a irse (esta vez tocó Barcelona, algún negociado oscuro), me aburro como una hostia y no me decido a terminar el post sobre Jorge Majfud. No entiendo mucho cómo no se lo conoce más a Majfud acá, che. Hay que leer "Hacia qué patrias del silencio" que llegó hasta el Instituto Cervantes sito en París. Bueno, como puesta al día, bastante rápida y monótona. Habría que ver si califica como oxímoron. No creo.

Hoy desde aquí

Más de una vez a Arturito le sucede recordar la morelliana que arranca constatando que una prosa puede corromperse como un bife de lomo. Comenta, entre ido y vagamente oscuro, que en general la oración le viene cuando siente que algo muy preciado se quiebra y él asiste con la mirada en alto al inevitable derrumbamiento. Ayer se quedó en casa y la mañana de hoy la ha pasado liquidándome las varias cajas de jugo de naranja que suelo tener e insistiendo con el tema de Zitarrosa Hoy desde aquí, que ya fue objeto de otro post. Me comenta algo que desconocía: entre los textos que son leídos por Galeano y Schinca, entre otros, hay un texto recitado por Nancy Marino, la última esposa de Zitarrosa. Este texto es el poema que se llama Hoy desde aquí y que motiva el título del tema.

El energúmeno aux trois poils lleva unas tres horas y pico repitiéndolo y canturreando algunas partes. Murmura, por ejemplo, el "Requiere más coraje la alegría que la pena. A la pena, al fin y al cabo, estamos acostumbrados.", de Galeano. Le digo una y otra vez que cosas así califican en los típicos juegos de palabras de Galeano, y que me aburrieron allá por el '96. Se sirve más jugo de naranja y no me responde. Intentando una reconciliación sincera, le aclaro que, sin embargo, el poema de Zitarrosa, aunque no demasiado pulido, me parece harto rescatable. Tal vez la parte que más me gusta es la que dice:

Cuando te toque hablar
hazlo de modo que el que escucha
comprenda lo que sientes

Cuando debas obrar
que sepan todos
que el fruto de tus obras es simiente

No te aconsejo el odio
pero escucha, tú que en viaje de ida me recibes
odia profundamente a aquel que vive
luchando a muerte por odiar la dicha

Desisto de intentar ganar su atención. Acaba de abrir otra caja de jugo de naranja y el tema volvió a comenzar. De aquel hombre me acuerdo y no han pasado sino dos siglos desde que lo vi. No anduvo ni a caballo ni en carroza. A puro pie deshizo las distancias y no llevaba espada ni armadura sino redes al hombro, hacha o martillo o pala…

Albañales

Parecerá inventado pero no lo es. Cuatro y veintidós de la tarde. Arturito abre la puerta de mi oficina oliendo a grappamiel. Despeinado. Mal vestido. Impresentable. Me comenta, expandiéndose casi a los gritos y sin preámbulos salutatorios, que le parece por demás ejemplar que el abogado que lo está divorciando sea el mismo que divorció a sus suegros. Luego agrega que su padre y sus dos medio hermanos también vivieron divorcios.

—Muestras de costumbres familiares —dice, sonriente, mientras yo me quedo pensando en por qué lo había presumido siempre hijo único—. Animales de costumbres, negro. Gregarios hasta la náusea pero lo mismo se va todo al tacho. Y encima regidos por escribas —índice derecho en alto; se tambalea un poco.

No sé si lo que más me sorprende es lo que me dice o el hecho de que ya haya vuelto del exterior. Me decido rápidamente a sacarlo de mi ámbito laboral. Tomándolo del brazo y guiándolo a través del corredor en dirección a la salida, le digo que a veces los CEOs de empresas que quebraron son codiciados bajo el supuesto de que no cometerán los mismos errores nuevamente, y que siguiendo esa lógica, un n veces divorciado debería ser lo que la vox populi pregona como un buen partido, así que va bien encaminado.

—Bastante partido estará, dependiendo del ene —acota, imperturbable.

No encuentro respuesta. Ya fuera, intento sacarle tema preguntándole si está al tanto de la confesión de Günther Grass o qué tiene para decir sobre la muerte de Naguib Mahfud. No dice nada. Permanece gris. A sabiendas de la magnificación y tan sólo para ver si la rabia lo devuelve a este lado de la arena, le comento que en mi opinión la actitud de Buratti no dista mucho de la de Himmler o Goering en su momento. Observa un idéntico silencio. Imposible entrarle hoy. Arturito ancló en Ganímedes y sé de memoria que es estéril cualquier intento. Le doy entonces las llaves de casa y le digo que mejor vaya a dormir una siesta. Manso, acepta, no sin antes aclararme:

—El abogado mencionó un matrimonio que se extinguía y yo imaginé absurdamente que eso que quemaba debía ser el píloro o el bazo. Pero no lo mandé a la mierda porque intuí que en el fondo era un poeta. Un poeta malogrado por aranceles, escritos, cedulones, plumas y papeles de colores y años de hurgar albañales ajenos. Pobre tipo. Pobre tipo de mierda. Recipientario de mis más mediocres técnicas de desplazamiento. Y ahora me voy que en tu casa siempre hay abundante grappamiel. Como me dijo ayer un tipo harto simpático: suerte en pila.

Albañales. Qué palabra.

Desambiguando a Quevedo

Arturito me telefoneó ayer para ir a la primera clase de un curso cuyo temario le había interesado bastante. Como no tenía nada mejor que hacer, accedí a acompañarlo. Nos sentamos bien atrás, cuestión de poder zafar si la cosa se ponía pesada porque ya el intitulado del curso prometía una buena ducha de plomo. El salón no ayudaba: escasa luz, frío, tamaño reducido de las transparencias proyectadas...

Si bien el docente nos resultó pastoso (se movía demasiado lento, como midiendo las palabras con un ph natural tendiente a cero), la clase estuvo aceptable. Arturito opina que el tipo habla con lengua de gasterópodo furtivo y que de seguro sufre del hígado y no lo sabe. Sin embargo, casi alucinamos cuando vimos un texto prácticamente desconocido de Cortázar, titulado “Por escrito gallina una”. Apenas lo consiga, lo posteo.

La mejor parte de la presentación fue la relacionada con la ambigüedad. Principalmente a nivel fonético, ya que se presentaron varios calambures. Palabra novedosa, quizá. Con Arturito la teníamos gracias a Aznavour: « On déballe des vérités / sur des gens qu'on a dans le nez. On les lapide. / Mais on fait ça avec humour / Enrobé dans des calembours mouillés d'acide » (Comme ils disent).

El calambur es una figura retórica, definida por la RAE como: "Agrupación de las sílabas de una o más palabras de tal manera que se altera totalmente el significado de estas; p. ej., plátano es/plata no es."

Los ejemplos que vimos ayer son los siguientes:

(1) Ató dos palos. / A todos, palos.
(2) Yo lo coloco y ella lo quita. / Yo loco, loco, y ella loquita.
(3) Tú llámame a servir. / Tu llama me hace hervir.
(4) El dulce lamentar de los pastores. / El dulce lamen tarde los pastores. (Garcilaso de la Vega)
(5) Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja. (Quevedo)

Lo interesante es que “tú llámame a servir” es una parte de una misa, lo que hace que reagrupar los fonemas de suerte que quede “tu llama me hace hervir” suena a pecado concebido.

En fin, la famosa historia de Quevedo no le movió un pelo a nadie. Se habla de una apuesta. Animarse a refregarle en plena cara a la reina su condición de coja. Arturito duda de que Isabel de Borbón fuera realmente coja y atribuye la historia a una leyenda urbana. Quevedo aceptó. Se le acercó a la reina con un clavel en una mano y una rosa en la otra. Le dijo:

Majestad, permitidme que os obsequie con una flor digna de vos; pero absorto por vuestra belleza no acierto con la flor más bella, así que entre el clavel y la rosa, su Majestad escoja.

Y calambur mediante, Quevedo ganó la apuesta.

Arturito's Top 21

¿Barret, Vicious o el Campeador? Puesto a elegir entre homofonías, y mientras Paul insiste con su Tug Of War, prefiero un poco más de oporto y seguir hojeando la revista Relaciones, que viene con un especial de narrativa. La curiosidad y una vaga obediencia cabalística me llevan a preguntarle a Arturito de los tres pelitos cuáles fueron los 21 libros que leyó antes de los 15 años y que más lo conmovieron, descartando la Biblia, por resultar demasiado evidente en su caso. Arturito, a quien la fiebre lo transporta a sus años de meditación y extraños intentos de viajes astrales, debía estar esperando la pregunta porque empieza a responderme sin vacilación.



1. Los cuentos de la raposa - Libro ilustrado que jamás pudo recuperar y cuyo autor no recuerda. Remedo presumiblemente tercermundista de las fábulas de Esopo o la Fontaine, y por qué no algo de las moralejas de Perrault. Recuerda con singular cariño cómo el cangrejo le gana una carrera a la raposa (una variación interesante de la fábula de la liebre y la tortuga en la que el cangrejo se prende de la cola de la raposa).

2. El Antiguo Egipto - Mamotreto ejemplar que una tía le regaló para su octavo o noveno cumpleaños. Gran libro gran, plagado de imágenes, didáctico, releído más o menos dos mil veces. Muy poco del Egipto copto, según su modesta opinión. No encuentra palabras para explicar la sensación que tuvo al darse de frente con el Escriba Sentado, en el Louvre.

3. La vida de los felinos - Libraco en formato enciclopédico. Equilibrio, garras retráctiles, alimentación, tácticas de caza, organización, las tres formas de matar presas… Arturito me dice algo sobre la manera en la que los mandriles se organizan para resistir el ataque de los leopardos. Luego, ya medio borracho por mezclar vodka con perifar grip, lanza un "la unión hace la fuerza", que no viene al caso en este post.

4. Polvo del infierno (Peter Kolosimo) - ¿Prefiguración de los X files?

5. La raza futura (Sir Bulwer Lytton) - Visión romántica, como su carácter decimonónico exige, de la humanidad. De fondo, una historia de amor como para levantar un poco la cosa. Rememora los sistemas de transporte e iluminación como ejemplos de anticipación.

6. Más que humano (Theodore Sturgeon) - Licuado de la gestalt, un clochard subnormal, delincuencia… La primera parte le resultó la más lograda. La primera página del libro, memorable. Años más tarde recordaría la historia al leer "El lobo estepario".

7. Yo visité Ganímedes (Yosip Ibrahim) - Moralina edulcorada, seres de morfologías estrambóticas, y poco más para decir. Actualmente le cuesta creer que haya gente que siga afirmando la veracidad de la historia. Claro que el grupo Misión Rama, Sixto Paz, una vieja jurisprudencia.

8. La vida de los grandes Maestros - Primer contacto con la idea de que Jesús no murió realmente en la cruz. Tema con variaciones que sería trillado hasta el cansancio, incluso por legos incendiarios como Dan Brown.

9. El libro de los espíritus (Allan Kardec) - Arturito jamás jugó al juego de la copa, decisión que tomó luego de leer a temprana edad este libro. No te quiero dar cátedra -me interrumpe-, pero fijate que el Kardec no se buscó simplemente un seudónimo, cómo haría cualquier persona, sino que se dispuso a reutilizar el nombre que tenía en una vida anterior. ¿No te parece una prueba de consistencia irrefutable?

10. ¡Viven! (Piers Paul Read) - El momento en el que describen a qué sabe cada cosa que comen se le antoja de un morbo destacable. ¿No era el cerebro el que sabía a queso? ¿Y el palo de Canessa? ¿Era Canessa, no? En fin, le parece que el libro confirma que la Historia la escriben los vencedores.

11. El Quijote - A los diez años: enorme decepción por no lograr pasar la primera página; ganar dos párrafos le significaron unas quince idas al mataburros; la cara de su padre era un poema. Finiquitado años más tarde, cuando palabras como rocín, palomino, sayo, frisar, luengo… dejaron de ser un misterio.

12. El Vudú - No recuerda al autor, pero sí recuerda haber terminado el libro muerto de miedo porque alguien en el barrio le había comentado que una vecina era una hechicera vudú. Vecina esquivada durante años. Hay unas descripciones de alucinaciones que no recuerda muy bien, lo cual tiene todo el sentido del mundo.

13. Dagon y otros cuentos macabros (H.P.Lovecraft) - Escalofrío juvenil. Hoy opina que puede prescindir tranquilamente de Lovecraft.

14. El neuromante (William Gibson) - Libro de culto durante algunos años. Gran decepción cuando leyó unos reportajes realizados a Gibson en los que decía que las computadoras no le interesaban ni medio pepino. "Un nabo a pedal", cree haber murmurado en la mencionada ocasión.

15. El médico de Lhasa (Lobsang Rampa) - ¿A Lobsang Rampa realmente lo torturaron? ¿Es cierto que su maestro vino a decirle en espíritu que acababa de espichar y que tenía que seguir camino? ¿Por qué los muertos de los que Arturito quisiera tener noticias brillan por su ausencia? ¿Por qué LR escribe de una manera que huele a resentimiento mal curado?

16. El Kybalion (Tres iniciados) - Hasta el día de hoy tiene presentes los siete principios desarrollados en este libro. Y los confirma cotidianamente. Sobre todo el del ritmo.

17. Relato de un náufrago (García Márquez) - Sillón del living, tirado de cuerpo completo, lectura empezada al terminar la tarde y finalizada a la mañana del día siguiente. Uno de los pocos libros que recuerda haber leído de un tirón.

18. El retorno de los brujos (Pawels & Bergier) - Primer encuentro con la teoría de la Tierra hueca, el sol interno. La Sociedad Thule se le antoja una explicación del nazismo mucho más plausible que el vacío existente en la materia. Años después leyó El fracaso de los brujos. Por momentos Arturito se dice que la ciencia no es sino una religión bien estructurada. Postula una teoría de la creencia en la caja negra, que algún día quizá me explique.

19. Los protocolos de los sabios de Sion - Puras patrañas pero creíble por momentos.

20. La máquina analítica (Jeremy Bernstein) - Algún día alguien le explicará a R2D2 cómo puede ser que a su madre, cuando el pobre botija tenía apenas nueve años, se le ocurrió regalarle un libro en el que tuvo su primer contacto (más bien explosivo) con el código binario y las máquinas de Turing. Cosas así no las redime tiempo alguno ni las curan dosis frecuentes de levadura de cerveza.

21. La sagrada enseñanza de sri Ramakrishna - 1121 aforismos leídos con tiempo y paciencia. Recuerda particularmente el del guijarro que inmerso en el agua conserva su interior seco. Confiesa que el estilo aforístico-parabólico le va muy bien.


Le pregunto si hay realmente un sesgo rosacruciano en algunas de sus tempranas lecturas o simplemente es una casualidad. Cita, indiferente, Apocalipsis X.9. Insisto con mi pregunta. Soslayándola, me comenta que por lo menos nunca cometió el error de intentar releerlos porque él también comprendió en Comala que al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver.

Supongo que tiene razón...
Desde Francia, Arturito de los tres pelitos me manda un mail del cual posteo una parte:

"Flaco, disculpa de antemano, pero te debo las tildes. Mira, te cuento que en la puta vida habia visto una euforia y chauvinismo tan a flor de piel por un partido de fobal. Aca hay un dicho que bate 'mas chauvinista que Chauvin'. (Disculpa tambien la forma pero me estoy matando a Adriana Varela y el tema Don Carlos.) Fui con un grupo de amigos a ver el partido en un barcito en la rue Serpente, a 100 metros de la plaza de Saint Michel. Todavia sigo sordo del griterio. Todavia fascinado de ver que una ciudad tan encorsetada como Paris puede zafarse sin que medien la Fête de la musique, la Techno Parade o el 31 de diciembre, eventos en los que supe participar varias veces pero que no se comparan a lo de ayer. Claro que hay mucho de subirse al mismo carro que no hace dos semanas se escupia y maldecia al grito de no llegamos ni a la esquina con este equipo de mierda. Lo que mas me impresiona es el enajenamiento, los silbatos, la ciudad casi azul porque todo el mundo se habia calzado la camiseta, la gente en la calle o en el metro interactuando sin el clasico estrenhimiento parisiense, los desaforados que se fueron a tirar a la fontana de Saint Michel y a corear como los barra bravas mas violentos 'mais ils sont où, mais ils sont où, mais ils sont où les portuguais !!!!'. Salvando el hecho de que ningun hincha de Portugal fue, que yo sepa, lastimado, los pintas tenian un aire de Venimos de los aromos de la cabeza (eeeeza) que te la debo. En fin, hermano, que la antropologia y la filologia dan para mucho en estos casos. Para el domingo ya tengo mi camiseta asegurada. Allez les bleus, carajo ! Intentare a la vuelta llevarte birra blanca, que alla nunca encontre pero vale sobradamente la pena; principalmente si se toma como agua sufriendo 30° en una ciudad donde rara vez hay viento. Aunque ayer de noche, te admito, soplaba y soplaba."

Cambia el tenor del blog, pero por Arturito tengo cierta debilidad.

Comentarios sobre el estilo

Tres errores típicos que al licenciado Angulo le exacerban el colon irritable.

1. Confundir los verbos escuchar y oír.

Afirmación clásica: "¡Desde el fondo no se escucha!". Dejando de lado alusiones políticas y macroeconómicas, si no se escucha es porque no se quiere, che.

Aporte de la RAE (la selección de acepciones va por cuenta de quien escribe):

Escuchar: Prestar atención a lo que se oye.
Oír: Percibir con el oído los sonidos.

2. Confundir incluso e inclusive.

"Esto no da para más. Inclusive, te confieso, ¡desde el fondo no se escucha!"

Incluso: Hasta, aun.
Inclusive: Incluyendo el último objeto nombrado.

3. Caer en las garras de los "falsos amigos", armas de doble filo que todo traductor conoce.

Los tres que más recuerda ahora el licenciado son la utilización de honesto por sincero, la de tópico por tema y la de enervarse por enojarse.

Honesto: Decente o decoroso.
Tópico: - Perteneciente o relativo a determinado lugar.
- Expresión vulgar o trivial.
Enervar: Debilitar, quitar las fuerzas.

Y entonces se puede hilvanar una frase que a nadie le llamará la atención oír en un programa televisivo de producción rioplatense: "Mirá, Cacho, me enerva que el tópico de la charla de hoy sean estas boludeces. Esto no da para más. Inclusive, te soy honesto, ¡desde el fondo no se escucha!"

¿Se pusieron alguna vez a prestar atención a la manera de hablar de los comunicadores de diferentes medios? Incluso comunicadores que están bien conceptuados. ¿Vieron en qué medida caen en este tipo de errores? Una pena que Arturito de los tres pelitos esté armando ansiosamente las valijas. Podría aportar algo.

Girondo y sus personalidades

Mientras en un plano mental paralelo three-haired R2D2 se dedicaba a fabricar ya no sé qué, ayer, conversando con una divinidad egipcia (a veces las cosas se dan así y uno no elige) surgió como tema la nueva película de Eliseo Subiela. De ahí a las anteriores, hasta llegar a la historia de Oliverio (Oliveira, dijo?). De eso a Girondo y al famoso espantapájaros, no se me importa un pito, los senos como magnolias, el aliento, la nariz... Y sin embargo, el que más recuerdo de Girondo —y que viene al caso— habla de sus múltiples personalidades y termina de esta manera (un poco cursi y con alguna preposición que falta):

"Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades; antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda."

En fin. Cambiando de perfil (expresión de retratista exhaustivo), desde hace días me encuentro repitiendo un sintagma nominal que me parece excelente: "mixtura de alta combustión". Es de "La argentinidad al palo", de la Bersuit. Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan, diría Silvio, pero sinceramente me parece excelente.

Sin los dos - domingos

De la novela Sin los dos, rescato el principio del capítulo 29:

"Otro domingo de frío.
Cuando se levantaba temprano un domingo, Santiago Strada temía que algo terrible sucediera, fumaba mirando el teléfono a la espera de no sabía qué, tenía un oído en la puerta, comprobaba la solidez del techo, revisaba los noticiarios, hurgaba en los anuncios fúnebres, se tomaba el pulso y al mismo tiempo el pelo porque sabía que todo eso era por demás absurdo y que él sería el primero en incendiar el anuario del club de los adictos a la triskaidekaphobia y afines. Aunque esta vez había el alegato de la pesadilla, con el buen reverso de justificar el estar fumando a las siete de la mañana como un condenado, con una taquicardia que había capitulado a un horrendo dolor de pecho."

Tirado en la hamaca paraguaya que instalé anteayer en el estar de mi nueva vivienda, Arturito de los tres pelitos (que, honrando su ascendencia italiana, acompañó las tostadas del desayuno con grappamiel) comenta que le gusta figurarse las pesadillas como lamidas del inconsciente, esa gran superstición del psicoanálisis.

Como acaba de volver del primer mundo, está más inflado que de costumbre, lo que no es poco decir. Mi cara no se decide entre el elogio, el insulto o responderle que en tema de supersticiones, Pierre Assouline (passouline.blog.lemonde.fr/livres/) le da con un fierro en la nuca a Bukowski, si el señor Arturito me permite la imagen y deja de hamacarse de esa manera porque en cualquier momento la vecina de al lado va a venir a tirarme la puerta abajo para proceder a leernos el capítulo del manual de los cortapalos dedicado a las buenas costumbres. Los motivos que expone Assouline son claros, atendibles y algunos hasta compartibles.

—Hablando de borrachos detestables —me interrumpe desde la hamaca el energúmeno en algo que tiene gusto a confesión—, de Bukowski a Abelardo Castillo, flaco, hay una vaga distancia que se traduce principalmente en el estilo, y que, a mi gusto, salva a este último. Leer El que tiene sed es una experiencia que justifica sobradamente la frase de Unamuno: todo lector que leyendo una novela se preocupa de saber cómo acabarán los personajes de ella sin preocuparse de saber cómo acabará él, no merece que se satisfaga su curiosidad. ¿Cachai?

Tiene razón, para variar, aunque imite pésimamente el acento chileno e intente justificar su deplorable estado con redenciones estilísticas y etílicas. De todas formas, para mí Chinaski está más que muerto, malgré los Peluffo boys (Estómagos/Avril).

—Y si no me creés, negro —grita la bestia—, andá a reclamarle a Frankl y a su bendita neurosis dominguera.

En fin. Volviendo a las pesadillas, a modo de ejercicio, nuestro queridísimo Viktor podría haber ensayado justificar la existencia del más allá argumentando en torno a la imposibilidad de explicar los sueños. Admito que la tesis no resiste el menor análisis, como tampoco resiste uno el impulso, luego de cinco minutos de televisión, de claudicar ante la evidencia de que somos brutos en Armani o en alpargatas, pero brutos al fin, incapaces de detener una reorganización molecular permanente, pero perfectamente preparados para lanzar la fisión o la fusión andante, el ántrax o el gas sarín, modificar el ADN y enviar una sonda a Mercurio, y todo eso antes de que el planeta nos eructe en mil pedazos y con Arturito de los tres pelitos nos pongamos a contemplar epicéntricamente —porque esa es la idea clave de cualquier blog— el espectáculo, dos subnormales idénticamente borrachos, el ruido, la hamaca tambaleándose, la vecina, el golpeteo furioso, los nudillos que se irán hundiendo en la puerta, los brazos en jarra, rabieta de maestra preescolar, las buenas costumbres, y también las papeleras, la gripe aviaria, el Irán nuclear, Alemania 2006, los nudos gordianos, la huella de un higo aplastado contra el Muro de los Lamentos, ratas desflecándose por el aire mientras en algún lugar aún intacto un inconsciente prepara el té y mira un cubilete con los dados quietos, cosas así, sin ninguna importancia, sin la menor trascendencia, cosas que como las pesadillas pueden suceder en cualquier domingo de frío.