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Modelo económico

A sokon y Zeta les gustan estas cosas. Para hacer morir de envidia a camellos y dromedarios, y —vaya ironía— para hacer morir de hambre a dietólogos de variado pelaje, un asceta indio de 83 pirulines afirma que hace unos setenta años que vive sin comida ni agua. ¡Haber avisado antes, varón!

(La noticia detallada en español. Otra, en francés.)

Dejando de lado que merece el más alto repudio de la sociedad de consumo y yendo a lo que nos interesa, el tipo es un transgresor innato. Dice que una diosa lo bendijo a los ocho años para permitirle vivir sin alimento. Claro. 

Para seguir el ritmo de este florido carnaval, los científicos de la armada india se desparraman cual mariposas en celo (?) para comprender cómo hace el fulano, cuestión de que sus soldados puedan sacar provecho de. En el colmo del ridículo dicen comprender que los soldados no podrán meditar (me imagino la escena y me río solo) pero que al menos, cualquier monedita, ya se sabe.

Un imberbe que vivió hasta hace unos diez años afirmaría a capa y espada que el yogui es sincero, que no necesita alimento porque obtiene toda su energía del prana y que si ustedes, oh simples mortales, siguen ciegos tras el velo de maya, tant pis pour vous. Pero hoy James Randi marca el paso. Y el petisito barbudo diría que el otro barbudo, el asceta del siglo 21, una hoja de perfil y mucha barba de frente, no hizo nada que un huelguista de hambre no haya hecho: no comió durante dos semanas y aprovechó a beber agua cuando hacía gárgaras. Porque hay que leer la noticia: el asceta, por motivos que se nos escapan, necesita hacer gárgaras. Yo conozco los ejercicios de respiración que otro gran yogui (Ramacharaka, que en realidad era William Walker Atkinson) indicaba para templar el garguero. Pero este otro yogui prefiere las gárgaras.

Es que últimamente hasta el misterio está de saldos...

Flaubert

Por ahí a alguien le interesa. La Université de Rouen tuvo la gran idea de digitalizar los manuscritos de la novela Madame Bovary. Se encuentran en la dirección http://bovary.univ-rouen.fr/. También están los escenarios y los borradores de la novela, y una transcripción del copista (hermosa caligrafía) también corregida. Realmente vale la pena. En el sitio se cita una carta de Flaubert a Louise Colet, fechada el 15 de abril de 1852, que dice: "cuando mi novela esté terminada, dentro de un año, te llevaré el manuscrito completo, por curiosidad. Verás mediante qué mecánica complicada logro escribir una oración." Basta hojear los manuscritos para ver hasta qué punto esa mecánica era complicada.

Bienaventurados sean los huelguistas

Yo te conjuro, antigua serpiente, en nombre del juez de los vivos y de los muertos...

Tiempo de saldos, los estantes no alcanzan. Como en la feria literaria del parque Brassens venden los libros al kilo, cuesta bastante poco traerse cualquier porquería que te llame un poco la atención. El domingo pasado tropecé con un libro en español titulado Secretos vaticanos y no me lo traje ni por el autor -Eric Frattini, qué tal, encantado-, ni por su sugerente y poco alentador subtítulo: en el Vaticano, todo lo que no es sagrado es secreto; creo que me lo traje simplemente porque estaba en español.

Este tardío vástago del códice no pasa de un compendio de preguntas y respuestas que tienen poco del osadas que promete un tal José Manuel Vidal en el prólogo. Y sin embargo, no está nada mal para lograr que cuaje un perfil posible (y real) de la iglesia católica. Estas líneas carecen de aires de wikipedia, máquina de certezas tan bien aceitada y con la censura al orden del vía (ver la última a Rebelion.org), y se basan estrictamente en el contenido del libro, publicado en 2003.

Empecemos por la santidad. De los 111 papas, sólo 76 fueron declarados santos. Redondeamos entonces en un 32% de papas no santos, lo cual alimentará dudas, en los influenciados por el maligno, sobre la consistencia de la santa institución. Es cierto que el proceso para elegir un candidato a santo es tedioso: existe, por supuesto, una Comisión (porque las vías de Dios son misteriosas pero la de sus ministros burocráticas), se designan un abogado del Diablo y un abogado de Dios que disponen, cada uno, de cuatro investigadores para estudiar al candidato, etc. Pero, ¿qué son esas menudencias de papeleo para un papa? ¿Faltan promotores post mortem? ¿Qué les sucede a las Comisiones? ¿El abogado del Diablo ejerce su oficio como Dios manda? ¿Cómo es posible que exista un abogado de Dios?

Curiosos los papas no santos a los que se les dice su santidad, curioso hueco que deja el 32%, curioso que el último papa santo, Pío X, haya muerto hace casi cien años. Y es que la sacrificada vida de un papa moderno ha de dejarle poco tiempo libre, pobre santo. El Vaticano no pasa de ser una cárcel de cristal, con su piscina olímpica (muy usada por Juan Pablo II), su sauna, su solárium, su gimnasio, sus canchas de tenis, el famoso helipuerto. Y si el papa se estresa entre bulas y servicios, un paseíto a Castel Gandolfo, modesta finca papal a la que puede ir a tomar un poco de aire y pensar en los africanos subsaharianos, los campesinos chinos y los indios de baja casta, herejes todos por igual. Porque el clero es un ejemplo de austeridad. El papa, que no puede ser juzgado por hombre o tribunal alguno, no tiene sueldo asignado y la legislación vaticana le prohíbe tener cuentas a su nombre. Visto de otra manera, porque el hombre se mueve en nuestras mismas tres dimensiones que cotizan en modernos denarios, no deja de ser una rock star que tiene un asistente que se encarga del famoso al César lo que es del César. Bajando en la jerarquía eclesiástica, austeros pero coquetos, los cardenales usan trajes que valen entre 3.500 y 4.000 euros y deben tener siempre dos prontos para ser utilizados: uno de calle y otro para ceremonias especiales, oh soberbia, capital pecado.

Te ahorro los beneficios fiscales de los habitantes del Vaticano y también las historias de censura que hubo -leete sobre la de Pío XII, ferviente franquista, contra la música de Puccini- y pasamos a las intrigas palaciegas. Se sabe que el mejor espionaje lo realiza el Mossad. El Vaticano, que juega con Dios de su lado, no se queda atrás. Su servicio de espionaje se denomina la Santa Alianza -hermoso eufemismo- y el de contraespionaje, Sodalitium Pianum. Como mínimo ejemplo, el Russicum es el departamento que formaba a los sacerdotes que se infiltraban en la antigua Unión Soviética, arrojándolos a veces en paracaídas para que se mezclaran con la población. Los documentos del Russicum están depositados en el Archivo Secreto, dos plantas subterráneas blindadas a más de veinticinco metros bajo tierra. Concluyo, prematuramente acaso, que es una versión moderna del estilo parabólico de Jesús, que actuaba a modo de filtro para los no iniciados. Pero más vale dudar ante locas pasiones como querer ingresar al blindado recinto: el Vaticano, ejemplo de vanguardia, eliminó la pena de muerte de su Constitución (Ley Fundamental) en 2001. No dramaticemos, la última ejecución tuvo la bendición de Pío IX en 1868, cuando decapitaron a un par de imberbes por un atentado con bomba que mató veinticinco personas.

Fortuna no quiso que el libro nos contase las virtudes del bombardero Ratzinger, que en esa época se limitaba a cardenal y se divertía con ejercicios tales como dirigir el juicio contra Leonardo Boff, sacerdote franciscano autor de varios libros en los que promovía la idea de establecer una teología para los pobres y necesitados, intentos que fueron apostrofados por Karol Wojtyla al clamor de marxismo, ideología del Diablo.

Es fama que los aportes de Juan Pablo II a la iglesia católica y al mundo en general son innúmeros. Quisiera rescatar, por ejemplo, que lo primero que solicitó el recién coronado pontífice fue que pusieran receptores de televisión en todos sus aposentos y que le instalaran una pequeña sala de cine para proyectar películas. ¡Rojo!, gritaría el papa mientras miraba La lengua de las mariposas y pensaba en Leonardo Boff.

Pero hay más, como, por ejemplo, autorizar el texto oficial para el rito de exorcismo, cuyo comienzo abre esta entrada. Dicho sea al pasar, no me parece menor que haya visto dos veces la película El exorcista.

Entre otros valiosos aportes del goleador Wojtyla se encuentra la encíclica Centesimus Annus, en la que defiende el sistema capitalista frente al "fracasado" sistema comunista de la URSS. El hombre se empeña en explicar cómo evitar el capitalismo salvaje. Estoy convencido de que los Chicago Boys y los Tigres Asiáticos han de haber temblado en sus sillas giratorias -enormísimas las de estos últimos- al leer, ávidamente, el texto. Los resultados de la viabilidad de un desarrollo capitalista con un control ético a través de la moral católica (sic) se pueden verificar revisando las últimas evoluciones del CAC 40, del DOW JONES y del precio del barril de petróleo. A la vista del caso que le ha hecho el mundo al gran polaco, me digo que su mayor acierto fue el título de la encíclica.

Y como te decía en el título, bienaventurados sean los huelguistas. Un aporte mayor de Juan Pablo II consistió en la creación de la Oficina de Asuntos Laborales de la Santa Sede, encargada de la mediación laboral con los trabajadores del Vaticano. Pero no creáis, mortales, que el pontífice pergeñó la oficina por mera devoción burocrática. Lo hizo como respuesta a la primera huelga que el personal laico (sic) realizó, el 25 de enero de 1989. Un sindicato creado y mantenido por el (santo) patrón. La idea promete.

Y sí, lo sé, me imagino lo que estás pensando si llegaste hasta acá: detayes: lo que verdaderamente importa es la fe.

Ponencias

Desde hace años colecciono títulos de ponencias. Me cuesta creer, a veces, que haya un escudo humano dispuesto a defender ciertos engendros. Confieso, sin vergüenza, que suelo asistir a algunas tan sólo para observar al bípedo eucariota ejercer el oficio que nos distingue de los simios o para tomar notas más amigas de una voluntad costumbrista o psicológica que de una curiosidad científica. No lograría explicar en breves párrafos cuánto me divierten ciertos malabarismos pseudo intelectuales. Hay que ir. En la última, hace poco, el hombre era tan esnob que, mientras respondía a una pregunta, dejó caer un hic et nunc que no sólo no venía al caso sino que podría haberlo dicho perfectamente en criollo, es decir en francés.

Estoy en plena escritura de un capítulo de un libro colectivo, lo cual me obliga a rever la bibliografía (ver post anterior). Indefenso, me encuentro con un llamado a un coloquio organizado por la cátedra de fisiología de la percepción y de la acción, del instituto de biología del colegio de francia (espero que las minúsculas aligeren un poco). Permitiéndome una traducción, el coloquio versa sobre la pluralidad interpretativa - fundamentos históricos y cognitivos de la noción de punto de vista. Go taking, me digo, cediendo a otra traducción, sin duda menos fiel. Encuentro joyas varias, entre las que destacan:

- La manipulación mental de los puntos de vista: ¿uno de los fundamentos de la tolerancia?
- Amabilidad y punto de vista en los diálogos del Renacimiento italiano.
- La paradoja hermenéutica.
- Waterloo y los espejos cruzados de la interpretación, de Stendhal a la teoría de juegos.

A veces me digo que la vida vale la pena. Los dejo, tengo que volver al capítulo.

No fue Edison

No, no fue él. El primer registro sonoro le pertenece en realidad a Edouard-Léon Scott de Martinville, ingenioso tipógrafo que con su fonoautógrafo se anticipó en 17 años al fonógrafo de Edison; cuantógrafo...

Esta nota no pretende burlarse de un reconocimiento que es, en definitiva, una suerte de justicia histórica, sino señalar una idiosincrasia. Porque el famoso Eduardo es francés y eso ya es mucho decir. Contabilizo un considerable número de charlas con franceses en las que su empeño por dejar en claro que una idea o invento son de origen galo resulta cuando menos llamativo.

Si hablás de música, por ejemplo, tenés que entender que el tango, palabras más, palabras menos, es francés porque Gardel, comme tout le monde le sait parfaitement bien, es más francés que el cassoulet. En charlas de ese estilo, que recuerdo por su intensidad, me enteré también de que Julio Iglesias le debe todo a Francia, puesto que comenzó cantando en el sur, que los Gipsy Kings son franceses, que el tema "My way" es francés. Y así... No es que no tengan razón, ojo: mayormente la tienen. No se me escapa, por ejemplo, que "My Way" viene de la canción "Comme d'habitude", de Cloclo. Pero tendrías que verlos cuando les decís, aunque más no sea para pincharlos un poco, "no, che, My Way es Sinatra, y hasta Paul Anka te sigo". Se enferman. Saltan como tapa de sótano. De inmediato apelan a registros históricos, museos, estudios científicos independientes, vox populi...

Esto aplica a todo. En ciencia están Pascal y Descartes y el resto es una mera consecuencia. Un paseo por el musée des arts et métiers te hará entender que los franceses siempre fueron vanguardia. ¿Hermanos Wright, dijiste? Te comento al pasar que fue Clément Ader quien logró el primer vuelo, en 1890, pero que por motivos de secreto militar se mantuvo en silencio hasta 1906. Y es que la gola se va y la fama es puro cuento...

Ni se te ocurra tocar temas como psicología, semiología o lingüística, porque todo el mundo reconoce (curioso que no lo sepas) que los franceses son líderes. ¿Hablás de gastronomía? Sarkozy propuso hace un par de semanas, en el salón de la agricultura, que la gastronomía francesa fuera clasificada patrimonio de la humanidad por la Unesco. No es el primero en intentarlo: los mexicanos lo hicieron en el 2005, sin éxito. Irónicamente, le canard enchaîné anota que la Unión Europea les reconoce 166 especialidades culinarias a los italianos, mientras que a los franceses sólo les reconoce 156. El semanario anota igualmente que los japoneses vienen de obtener 191 estrellas Michelin, agregando, entre paréntesis, que en Tokio hay el doble de chefs con estrellas Michelin que en París.

Pero las voces disidentes como las del Canard poco importan porque los franceses, y esto es lo que hay que entender, se adelantaron a todo. O al menos eso piensan muchos de ellos, lo cual no deja de ser llamativo...

Gabón

El morocho es gabonés. Lo delata su color casi azul, su acento y, sobre todo, que a cada rato refiere a su nacionalidad. Gabón, tierra de pigmeos; aunque el tipo, justo es decirlo, es enorme. La problemática evocada en su presentación es que el país es un crisol de etnias, pueblitos con variaciones lingüísticas propias, y, como si tuvieran poco ya, el idioma hablado viene a complicar aún más las cosas. Lo olvidamos a menudo, pero un idioma se adquiere, es una herramienta y puede ser al mismo tiempo una característica de pertenencia, un signo de. Pero en tanto signo puede también revelarse estigmatizador, como ya veremos.

El país está partido al medio; o algo así. Por un lado los pueblitos, en los que se hablan lenguas vernáculas, y por otro lado la capital, en la que la que rige el mambo es el francés. Los niños, tema principal de la ponencia del morocho, adquieren el idioma del padre “culturalmente más fuerte”. Ni siquiera tengo tiempo a mentalizar mi duda porque este buen hombre explica de inmediato que la noción de “cultura” está íntimamente ligada, o más bien supeditada, a una noción de “políticamente conveniente”. ¿Un ejemplo? Una pareja de etnias diferentes se casa. Etnia diferente significa idioma diferente. ¿Cuál idioma se habla en casa? ¿Cuál hablarán los niños? Bueno, si resulta que la mujer tiene un hermano que está casado con la hija de un ministro, y el hombre, al contrario, es monsieur n’importe qui, entonces el idioma que prevalece es el de la mujer. Así lo explica el morocho.

Pero eso no le parece tan grave. Grave le parece que lo que más se esté hablando últimamente sea el francés, fenómeno ligado a que todos se van a la capital. ¿Por qué se habla sólo francés en la capital? Cuestión de que ninguna lengua vernácula tenga lugar, lo cual lograría que una etnia prevalezca. Y entonces, para asegurar ese todos-al-fondo-del-tacho, hacemos que el idioma oficial sea el francés y que, por lo tanto, la educación se imparta en dicha lengua. Siguiendo un razonamiento mínimo: si querés “ser alguien” (i.e. salir de la miseria de los pueblitos), tenés que estudiar, ergo hablar francés. ¿Prospección del morocho? La muerte de las lenguas gabonesas, a saber: feng, gisir, ikota, inzebi, insangu, tsogo, lembaama, liduma, myene, pove, punu, teke, vii, wumvu. Su estudio, realizado sobre mil doscientos niños, parece apoyar este presagio.

Confieso que me distraje imaginando combinaciones graciosas, tales como feng ikota punu punu, liduma teke teke. Pero esto no viene al caso, porque, mientras yo divagaba, el morocho se extendía en un discurso sobre el doble discurso de Francia, que por un lado habla de querer ayudar al Gabón y por otro lado promueve una educación en francés.

Tiene razón. Le faltó decir –pero el lugar no da, tiene que hablar de otra cosa– que Francia retrocede. Y lo hace, principalmente, por un temor indecible a, cuando menos, tres países: Brasil, China e India. Estos tres países, denominados “emergentes”, disponen de enormes cantidades de mano de obra barata, situación combinada con patéticas lagunas en materia de derechos laborales y humanos en general. ¿Solución a esto? Para Francia, completamente obsesionada e idiotizada por estos fantasmas, la solución es retroceder unas cuantas casillas en la Historia. Y por ello Sarkozy, alguien capaz de pisotear décadas o siglos de derechos ganados, asumirlo y, mejor aún, sentirse orgulloso de.

Y una cosa no está tan lejos de la otra. Los pueblitos se vacían. Francia retrocede. El santo y seña es el mismo: globalización, esa gran degenerada. Pero el morocho no puede decirlo. Realmente no puede. Y es una lástima.

Magallanes

Encuentro en Le canard enchaîné del 12 de diciembre una reseña del libro "Le voyage de Magellan" (ediciones Chandeigne). La reseña en cuestión me lleva a informarme más sobre el misterioso personaje del cual se tiene en general una idea más bien idílica (cuando se tiene alguna idea), del estilo ah sí el de la primera vuelta al mundo, porque del estrecho casi todo el mundo está informado, aunque más no sea por ceder a la tentación del chiste fácil.

El artículo que se le dedica en la wikipedia se pliega muchísimo a la versión del imaginario colectivo. A modo de ejemplo, indica que "Magallanes pereció en una contienda con una tribu de Filipinas" (la versión francesa habla de una flecha envenenada; la versión portuguesa, de una emboscada; las inglesa e italiana, como la española). Sin embargo, el libro citado, que tiene un trabajo de investigación documental enorme, nos indica que Magallanes palmó tontamente mientras se dirigía a incendiar una ciudad indígena. Qué nene.

Otra serie de descubrimientos muestran a Magallanes con un deseo de dominar el mundo más que de descubrirlo, embarcándose en una expedición que no tenía precisamente fines científicos o geográficos. Varios siglos después, esta apreciación no ha perdido vigencia. On connaît la chanson, faut pas nous la faire, canta Yvan Marc en "Propaganda".

El famoso dios que juega a los dados parece en realidad seguir dándole manija al mismo organillo desde hace demasiado tiempo ya. Y los monos somos nosotros, por supuesto; lo cual no me molesta en lo más mínimo sino más bien todo lo contrario.

Musée des arts et métiers

Curioso que, pese a frecuentar la zona desde hace unos cuantos años, nunca haya ido a este museo. Supongo que me negaba a ir luego de mi pésima experiencia con el museo nazionale della scienza e della tecnologia, en Milán, infamemente denominado Leonardo da Vinci (es cierto que el hecho de que Milán sea una ciudad que no soporto debe de haber influenciado).

Sin embargo este museo me resultó excelente. Pude ver finalmente una pascalina. En realidad unas cuantas, con distintos objetivos. La lista es larga y va desde artilugios como los bastones de calcular de Neper (chapeau, mi viejo) hasta un modelo de acelerador de partículas, pasando por trabajos de relojería antes los cuales hay que ser un insensible para no maravillarse.

Me quedo aquí con un detalle. El metro, unidad de medida fundamental del sistema internacional de unidades (ex sistema métrico decimal), tuvo varias definiciones a lo largo de la historia, relativas y absolutas, hasta llegar a la actual, relativa, que lo expresa como la distancia recorrida por la luz en el vacío durante un tiempo inmensamente diminuto y ridículo. Pese a que lo vimos en la escuela o el liceo, no recuerdo, me llamó la atención la primera definición dada por la Academia de Ciencias francesa, en 1791, que relaciona el metro, el litro y el gramo. Su primera definición del metro fue relativa y era la longitud equivalente a la diez millonésima parte de un cuarto de meridiano terrestre. Luego, un litro era el volumen equivalente a la milésima parte de un metro cúbico. Finalmente, se define el gramo como la masa de un centímetro cúbico de agua a la temperatura de 4 grados centígrados. Todo esto corresponde a la unificación de medidas realizada durante la Revolución Francesa.

Detayes, lo sé, pero no está tan mal recordarlos, aunque más no sea para evocar el eterno deseo normativo, del cual son largamente tributarios comercio y ciencia.

Para ingenuos

Para aquellos que todavía piensan que no, que no es posible, que el costo económico, que el poder computacional necesario, que el derecho a la privacidad, que la gran masita, vaya este documental:

http://vsg71.blogspot.com/2007/09/nos-vigilan-documental-sociedad.html

Cuando dice que la sala es ficticia, nótese el "aún" que viene luego. En conclusión, todo pasa al ámbito de las decisiones políticas. Basta ver un poco el mundo como para hacerse una idea de lo que puede suceder. Y eso sin tener en cuenta lo que pasa por el costado de la "legalidad".

Pero no nos pongamos dramáticos y disfrutemos de la tecnología.

Mondongo

En http://www.rebelion.org/noticia.php?id=58141 encontrarán un artículo por demás atendible y aconsejable de Mikel Arizaleta. Imposible no reírse cuando utiliza como calificativo la frase "mondongo filosófico-teológico creado a lo largo de los siglos".

Para quienes tengan un tiempo e interés, hace unos años leí el libro "Los misterios de Jesús", de Timothy Freke y Peter Gandy, cuya tesis fundamental es que el Jesús histórico no existió. En su momento me pareció un buen libro, que defiende de buena manera su tesis principal.

Para ver un mal refrito de ese libro y otros similares, los estómagos fuertes podrán remitirse al código da vinci.

Voy a perder la cabeza por tu amor

En las iglesias se suele ver un santo acéfalo, cabeza en mano. No había prestado atención, pero me pasan el dato y leyendas son leyendas. Al pobre Saint Denis, que tuvo la mala fortuna de querer venir a Lutecia a predicar el Evangelio, los romanos le hicieron pelo, barba y cabeza completa. Esto es cierto. Al registro de la leyenda pertenece el haber caminado varios kilómetros con su cabeza bajo el brazo hasta entregársela a una mujer, presumiblemente sin preguntarle si la quería. Luego, como cualquiera esperaría de un decapitado, se desmoronó sin más.

¿Precursor de la entrega puerta a puerta? Es posible. Pensando en la travesía, me resulta difícil imaginar el gesto de su rostro en un momento así. Difícil, quizá absurdo, aunque la leyenda también quiera que el recorrido lo haya ejecutado predicando. Pienso en Obdulio Varela llevando el balón al mediocampo luego de que Brasil convirtiera el primer gol. Menuda voluntad, me digo, refiriendo a Saint Denis, claro está. O –acoto–, visto que no queda demasiado claro para qué le llevaba tan excéntrica ofrenda a la mujer, un acto de porfía muy propio de la gente que pierde la cabeza. De la reacción de la mujer poco se sabe. Al vulgo poco parece interesarle. Se anota que pertenecía a la nobleza. No mucho más.

Como obliga la costumbre, en el lugar en el que Saint Denis palmó definitivamente se erigió una basílica para honrar al hombre y recordar su martirio cuando no su testarudez porque quienes lo hicieron, apostaría, sabían que no había muerto realmente allí. Breves siglos después, los reyes franceses comenzaron a pedir ser enterrados allí y como una cosa sigue a la otra y pese a que la gola se va y la fama es puro cuento, se puso de moda y la basílica se convirtió en el osario real, si se me permite la figura.

No había prestado atención, como a tantas otras cosas, algunas de las cuales me pueden hacer perder la cabeza. En lo personal, si tal destino me es dado en suerte, anticipo un tránsito decididamente menos espectacular y, sobre todo, rápido, acorde a los tiempos que corren y a las modestas expectativas de quien escribe estas líneas.

Apuntes

No es novedad que al apropiarse de una lengua o de una parte de ella, ya sea por la vía de la apropiación directa o por la adaptación, otra lengua (sus hablantes) se apropia inevitablemente de una artillería conceptual estrechamente ligada a una idiosincrasia. Un ejemplo trivial puede ser el peso que la cultura grecorromana tiene en nuestra cultura. ¿Atajo o decisión consciente? Difícil de decir. Difícil excluir otras posibilidades. Pero no es menor el hecho de que la manera en la que se articula una lengua refleja (y circunscribe a quienes la aprenden) la manera en la que sus hablantes conciben el mundo y la existencia, por no mencionar sino dos temas clave.

Así, por ejemplo, los chinos que sólo hablan chino no saben lo que es una flexión verbal. Explicarles la diferencia entre el presente, el pasado simple y el imperfecto resulta, en el mejor de los casos, una proeza. Rodia, que es un gran experto en bambona y en lenguas aglutinantes, podrá atestiguar aquí lo difícil que nos resulta a nosotros comprender que una palabra (prescindo de sumergirme en una discusión en torno a lo que es una palabra) en una lengua como el turco o el finés puede ser en realidad una aglutinación de piezas léxicas, cada una con uno o varios significados particulares, que tiene un significado único en tanto unidad. Pero no es una oración, sino una simple palabra. Hace unos días leí un artículo que me envió Krahd, en el cual se detallan las experiencias de Dan Everett, un profesor de lingüística, con miembros de una tribu enclavada en Brasil, llamada Pirahã. En su idioma no existen los números, los colores (en tanto lista fija) o ciertos cuantificadores que nosotros consideramos elementales, como ser “todos”, “cada”, “algunos”... La tesis de Everett estima que los miembros de la tribu no poseen el concepto de recursión, lo cual, de ser cierto, sería un duro revés a la idea de gramática universal planteada por Chomsky. A modo de ejemplo, para los Pirahã resulta imposible concebir una oración subordinada. ¿Curioso?

Quizá. Pero, ¿de cuántas piruetas nos valemos nosotros para definir conceptos como satori, nirvana o logos? Logos lo tomamos prestado directamente de los griegos. Quien dice nirvana sabrá, presumo, que es el estado aspirado por el Buda y que apenas atisbó mientras meditaba empecinado, vaya posible oxímoron. Y se lo pedimos prestado al sánscrito. Satori ni siquiera está registrado por el gran diccionario gran de la RAE y tendremos que recurrir a textos relacionados con el budismo zen (a Suzuki, por ejemplo) para entender un poco de qué se trata.

¿Por qué no existe un equivalente en francés de la palabra despedida y hay que contentarse con adieux, que no es en absoluto lo mismo? ¿Cómo se traducen los juegos de palabras de Joyce, de Queneau, de Cortázar? En el mejor de los casos, las traducciones van acompañadas de notas al pie explicativas. Pero, ¿cuál es la nota al pie a agregar o el proceso a seguir para traducir “él le amalaba el noema” al chino, siendo que no hay flexiones verbales? En un sistema con rigidez morfológica, juegos de ese estilo son imposibles. Pero va más allá de la posibilidad: en realidad no tienen sentido. Y esa carencia de sentido nos dice algo de la gente que habla esa lengua. Las traducciones de términos científicos especializados es otro buen ejemplo. Y no es sólo una cuestión epistemológica.

Y puesto que hablo de traducciones, conviene recordar el rol de los copistas en las variaciones terminológicas. Bastaba un borrón o un rasguño en un original para que todo se fuera al demonio. Los copistas son algo así como efectos colaterales en la etimología. ¿Incidencia fastidiosa? Quizá no peor que aquella de los malos programas de televisión que crean jergas que luego se filtran alegremente en el habla cotidiana.

Pero volviendo al hecho de que una lengua es una visión ontológica y una toma de posición y que esto tiene consecuencias importantes, entre otras cosas, en la traducción, quisiera apuntar que las primeras gramáticas del francés (e.g. Pillot 1561) se redactaban en latín, por estar típicamente destinadas a extranjeros, en particular alemanes. Desconozco el dominio del alemán poseído por Pillot, pero me resulta particularmente llamativo que haya elegido una lengua intermedia (y previa) para definir o describir su propia lengua a hablantes de otra lengua.

Este tema da para mucho más. Por ahora quisiera concluir observando que quien crea que todo puede ser expresado utilizando el lenguaje peca de inocencia o bien de babelismo.

Flor de Venganza

Como hoy me levanto y no tengo ni espalda ni nuca definidas sino más bien un anillo de moebius y además veo algo que se parece bastante a la punta de un ovillo que está peor que mi nuca, mi espalda y los textos de Martinot (cf. Presentaciones), decido que es día de escuchar música cubana hasta la sordera y la vecina derribándome la puerta para poner coto, cuestión de limpiar un poco la casa.

Aunque sea una materia ineludible, no quiero hablar hoy sobre el rol de la música en la inducción de estados alterados de conciencia o en ciertos ritos religiosos, si es que son cosas distintas. Me llama sin embargo la atención el despecho en sus múltiples variantes musicales. Puede ser Beethoveen cambiando el nombre de "La Heroica", el tango, los boleros o la canción “Flor de Venganza”, cantada por las hermanas Faez y cuyo género no me animo a clasificar en son porque todo indica que es una serenata.

Vale la pena ver a las hermanas en vivo. En lo personal las imagino sin problemas tejiendo unas mañanitas; los gatos las honrarían melosamente; ellas tendrían ovillos más ordenados y con puntas mejor definidas que todo lo que vi hoy al levantarme.

Y la letra es gloriosa. Sabina dice que uno no puede pretender que Machín no sea cursi; que el bolero gusta precisamente por eso. En este caso el contenido de la letra no deja de ser una variación de cualquier historia relatada por Homero. La parte que más me gusta reza:

si aún conservo la flor traicionera
si ella sabe del mal que me has hecho
es para ti. Porque cuando tú mueras
voy a poner esa flor en tu divino pecho

No deja de resultar curioso que la canción la haya conocido vía Bregovic, sacada de la película “Gato negro, gato blanco”, de Kusturica. Y me pregunto cómo será el despecho africano en la música. En lugar de facones habrá machetes, supongo. Escribo despecho africano y no logro evitar pensar en Idi Amin y sus historias de cocodrilos.

Hoy el domingo se muestra así, sintiéndome una sombra, un tal vez; moviéndome casi que con escafandra por los rincones de mi casa, pisando arenas movedizas, sintiendo con intermitencias el olor acre de la venganza, ¿esa gran agazapada? Duro ser un intruso en un territorio que me corresponde enteramente. Hoy el domingo se muestra así y Frankl con su neurosis dominguera puede irse a freír papas o a sembrar una flor en el huerto de las hermanas Faez, según guste.

Dont acte.

De semiólogos, la RAE y los gatos entre la leña

Siguiendo una idea de Mario Levrero (cf. Irrupciones II), me permito transcribir las siguientes definiciones extraídas de la RAE.

realidad.

1. f. Existencia real y efectiva de algo.


existencia.

1. f. Acto de existir.


existir.

1. intr. Dicho de una cosa: Ser real y verdadera.


real.

1. adj. Que tiene existencia verdadera y efectiva.


efectivo, va.

1. adj. Real y verdadero, en oposición a quimérico, dudoso o nominal.


verdadero, ra.

2. adj. Real y efectivo.



Y después viene un semiólogo a vaciarte su volqueta conceptual en el jardín, en plena mañana, cuando la química cerebral sigue en punto muerto. Y mientras vos resistís diversos embates floridos y algunos pasodobles sobre los presupuestos que realiza un sistema informático que muestra una información calculada (la mediatización de un objeto calculado a partir de otros objetos interpretados), de la boca del bípedo eucariota sale, como una gran pompa de jabón, la palabra objetividad. ¡Objetividad! Oh là... l'objectivité.. mais fous moi la paix, mi viejo. Y mientras pienso que lo suyo es un presupuesto real, verdadero, efectivo y oscuramente endócrino, me pregunto dónde podré conseguir más café, por favor, más café. Café real y efectivo y por ahí, si cuadra, arábigo.

El cine y las artes marciales

Por diferentes motivos, no me gusta salpicar este blog de imágenes y vídeos. Hago una excepción porque hacía tiempo que no veía algo tan llamativo. Porque una cosa fue descubrir que una película de infancia era una real porquería (cf. Curiosidades), pero este es el especial de la casa, no lo duden. Y repito aquí lo que le dije a Rodia por mail: pensar que hay gente que se queja de Jackie Chan!

Hay que verlo hasta el final, momento cuasi sublime que incluye un par de chistes bocatto di cardinale (aunque ahora con Ratzinger a la cabeza se ha vuelto todo muy austero y frugal, bien entendu). Esta gente haciendo cine (?), con las oportunidades que hay en el turismo ecológico o en la compra-venta de terrenos en Marte.



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En un documental sobre las corporaciones, Michael Moore insiste en denominar la Fanta como la Coca Cola de los nazis. Cuenta una pequeña historia que luego, algo asombrado, verifico y amplío.

Por otro lado, curiosidades. Con no poco estupor descubro que Kevin Johansen tiene una versión de la Chanson de Prévert, que en realidad no es ni de él ni de Prévert ni de Kosma sino de Gainsbourg. La escucho una vez y media, tan solo para exorcizarla escuchando repetidamente la versión original un tiempo equivalente a diez horas, lo que hace que hasta los gatos se alejen de mí a causa del aburrimiento. Johansen, cuyo mejor tema, para mi gusto, es Candombito, canta bien en francés, con un acento ligeramente abierto y una gran deuda con el fonema [y] que le da un toque latino divertido.

Y por lo demás, todo sigue en orden, en orden decreciente. Como dice la vaca sagrada Serge: obsedé ? affirmatif; sexuel ? ooh ooh ooh. Coexistencia de casualidades y cosas que se caen de su propio peso. Lejos de todo, entre estocadas epistolares y paquebotes cibernéticos, desde mi ventana veo palomas, cuervos, viejas en pijama, antenas que de un momento a otro cederán ante la fuerza de la tormenta. Y tanto fuera como dentro: viento, puro viento.

Papá pituto

Hacia fines del año pasado, al ingeniero Parrillada le tocó asistir a un evento político-científico de relativa importancia en Chile (Santiago). Lo acompañé por una cuestión de camaradería y turismo en proporciones turísticamente desproporcionadas.

Tuve así la oportunidad de conocer a varios colegas del gordo Parrillada, gente muy simpática con la que se armó una especie de barrita uruguaya en tierras chilenas, por el conocido efecto que tanto conocía Goebbels. El evento tuvo todos los vaivenes que suelen tener estos eventos. Casi todos esperables; muchos aburridos; más de uno, divertido, muy divertido. Pero hubo uno en particular que se llevó todos los aplausos. Como el evento era político-científico, pues trataba sobre un programa de apoyo a la construcción de redes científicas, alguien del Comité Organizador tuvo la brillante idea de organizar un debate. Fue así que una mañana hablaría un investigador primero, luego un político y luego debatirían, con la participación del público.

Esa mañana el investigador habló como tal. Es decir que fue desde cuestiones epistemológicas de base hasta detalles sobre sus propios trabajos de investigación. El político, que llegó tarde, fue Carlos Cantero, senador chileno. Subió al estrado con unos papeles. Los ojeó un poco teatralmente. Los apartó y dijo que había preparado un speech pero que en el camino se le había ocurrido hablar de otra cosa. Y eso fue sólo el comienzo.

A este muchacho, que nos amasijó durante -mínimo- 45 minutos, hay que ponerlo en un frasco con formol, literalmente. Su discurso fue alucinado, fuera de lugar, tan esperpéntico que Ramón del Valle Inclán hubiera debido reclamar derechos de autor si no fuera porque está muerto y los muertos, generalmente respetuosos de su situación, no suelen reclamar nada. El poseso en cuestión (gordo, movedizo, algo de Carlos Ramela acelerado) debe de haber mencionado las palabras “ethos” y “pathos” por lo menos 50 veces cada una. ¿Y a cuento de qué?, nos preguntábamos todos.

Hace un tiempo leí unos estudios sobre lo vacío de ciertos discursos. Se estudiaba a una serie de pensadores franceses (conste que los estudios eran gringos) y se concluía que había más ornamentos que carne en el asador. Tengo mis reservas. No sobre los ornamentos sino sobre la carne; pero eso aquí no importa. Creo seriamente que debería estudiarse el discurso (en sentido amplio) de este prolífico senador.

Del monólogo que ejecutó allí, yo me permití tomar algunas notas que ahora puedo transcribir. Más que nada son palabras sueltas, a veces frases, acompañadas de reacciones que se daban y que dan una idea del tenor de la larga expectoración de este señor. Aquí van.

-Cambio de ethos en una visión holística
-Porque siempre se necesita un pituto [ojos enormes de la reducida platea uruguaya; “¿Pituto o pitufo?” “¿Y la pitutina para cuándo, che?” “¿Este necesita un pituto?”, preguntado con toda la connotación sexual del mundo]
-Un problema que yo definiría como ontológico y semántico [refiriéndose a los pitutos; Gargamel y Benveniste, un solo corazón]
-Hablo del pathos, y hablo del ethos, y de la ética y estética de Aristóteles [sin que nadie entendiera muy bien a qué venía, pero siempre viene de perillas citar a Aristóteles]
-Y no estoy hablando de ustedes, que son gente ilustrada [asombro general por su elitismo repulsivo]
-Modelos/Superhéroes/Paradigmas/Mapa deplorable/Mapa mental/Dimensión/La tercera dimensión desconocida [atribuye a su abuelo el invento de esta tercera dimensión desconocida que, como es evidente, ninguno de nosotros conocía, lo cual la hace potencialmente harto efectiva y probable]
-Mundo virtual, mundo paralelo en el que vivimos todos los días [miradas de desconcierto ante eso de virtual y paralelo; en ese momento me dije que si Arturito fuera cien veces menos tímido y no tuviera ese acercamiento indiferente, apático y cínico a las cosas, las personas y la vida en sí, podría ser tranquilamente un orador]
-Indiosincracia [juego de palabras que sólo él se festeja]
-Yo miraba el árbol y veía un zorzal y el zorzal no me dijo que es zorzal [varios acotamos que por suerte porque o bien estaba en una fábula o bien la mercancía era de la buena; yo me permití corregir mentalmente el tiempo verbal]
-La lógica semántica y la lógica de los mapas mentales [miradas de consternación]
-Una poesía a la estupidez [miradas y gestos de total aprobación]
-En una estructura de pensamiento radiante [radiante por contraposición a lineal, inferí atrevidamente]
-Las disfuncionalidades conductuales [luego de mencionar neurolingüística]

En algún momento terminó de hablar. Tuvo algo de sacarse un chicle del pelo. Y ahí empezó el debate. Un par de preguntas poco trascendentes. Respuestas del político (el investigador no había vuelto a hablar, probablemente estuviera dormido), igualmente hipnotizadas, pintorescas, cargadas. Y como el tipo, el senador, que se ve que tenía pretensiones de kamikaze, había manejado en su discurso el clásico y estúpido argumento de que los investigadores se rascan las pelotas con plumas de phasianus colchicus y producen poco, como si la producción científica se pudiera fordificar, la discusión empezó a subir un poco de tono cuando el presidente de cierta institución científica chilena de mucho prestigio lo acorraló con una pregunta que ahora no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que el senador, de golpe, sin responder a la pregunta, miró su reloj, se excusó porque tenía que irse, y agregó, señalando al investigador, siempre mudo, presumiblemente dormido: “Los dejo con la eminencia”. Y se levantó y se fue.

No hay como ser político para.

En algún momento averiguamos que pituto es padrino o cuña en argot chileno. De todas maneras, vale aclarar que desde ese día hasta el aterrizaje en Carrasco la barra uruguaya vivía con el “eminencia” en la punta de la lengua. “Adelante, eminencia”, “¿Cómo le va, eminencia?”, etc. Hasta a mí me dijeron eminencia, que soy un burro de primera. Que lo parió a Carlos Cantero, su ethos y su pathos (cuac cuac).

Borrador IV

Desde tierras argentas y al amparo de un veranillo inesperado van estas líneas.

Como la frecuencia distingue la casualidad del genio, al licenciado Rubén Enrique Roldán se le ha dado últimamente por aprovechar sus tardes de cantina para disertar sobre autores literarios “poco conocidos”. Nuestro meticuloso licenciado, que de-tan-meticuloso bueno-ya-se-sabe, entre grappamieles y torpes manoteos a potes con maní inútiles para una identificación de huellas digitales, sufre la superstición según la cual un escritor de narrativa cuya prosa sea más bien llana (léxico pobre, construcciones gramaticales simples, tropiezos en el ritmo, escasa intuición para juegos pragmáticos) es, en el mejor de los casos, un escritor correcto.

–¡Preciosista! –condena indignado el escritor Baraka sin sacarse el palillo de dientes–. ¡Decimonónico! ¡Melindroso! Sos más arrogante que Filloy en la entrevista que le hizo Giardinelli. Y mirá que este tipo –continúa diciéndonos como si a nosotros nos importase demasiado (no sé, digo, ¿a vos te importa realmente todo esto?)– no escatima recursos a la hora de citar ejemplos bien conocidos. Como diría Torrente: por no poner el caso, desde hace meses está dándole hacha a Dan Brown. Y ni hablar de los años de Coelho que lleva encima.

¿Preciosista? Quizá. Pero no puedo dejar de dar la derecha al licenciado. Además Torrente es un servidor. Un recuento a vuelo de pájaro (con lo que cuesta milagro tal) lo lleva a evocar a los siguientes autores: Rulfo, Borges, Cortázar, Onetti, Pacheco, Peri Rossi (“El museo de los esfuerzos inútiles” es, en su opinión, un libro imprescindible) y Lezama Lima. Por el resto, comenta airado, que llueva plomo y ranas. Que sean hispanohablantes no es casualidad: toda traducción agrega y quita; desvirtúa.

Claro que Rubén Enrique Roldán exagera. Y en su conducta hay vestigios de una vaga frustración literaria, que le da la libertad suficiente para referir al baño como un altar donde la mañana deja los humores de la noche, frase acuñada en papel higiénico rosado, aprovechando un momento de inspiración y diarrea, ambas inesperadas. Y es cómico pero el quid de este energúmeno es siempre el mismo: se reafirma tanto en sí mismo pero da tantas vueltas sobre la misma idea que se va atornillando solito contra una pared de corcho, miedos y lugares comunes.

Así que hoy se quiere hablar de autores supuestamente poco conocidos.

Su postulado no le parece más insensato que afiliarse a un club de manualidades en uranio 235 o practicar el bungee jumping en el puente peatonal de Salinas. De última: qué si un tercero vino un día con el huevo y la gallina juntos. Y los dejó y se fue riendo bajito.

Agustín Celis Sánchez /Jorge Majfud

–Rajá, turrito, rajá –acota el licenciado.

Borrador III

François Jullien, Traité de l'efficacité. Modelo vs. Estrategia. Plan vs. Potencial de una situación. Recordar sitio a Jerusalém. Tao. La idea de modelo presupone muchas veces que se pueden manipular (o estimar) variables externas, lo cual no siempre es así, y basta ver a Tom y Jerry para comprobarlo. Esa especie de conformismo se parece más a realismo. Para-algo antes que un parachoques. (Retomar)

9/3/06