sábado, noviembre 21, 2009

Nuevas generaciones

No vino del MIT, tampoco de Nokia o de la tierra del sol naciente, mucho menos del prodigio llamado computación cuántica. Para hacer frente a la crisis y alentados por criterios ecológicos, investigadores de la Universidad del Ferrol presentaron el lunes pasado en el Salón Mundial de la Tecnología, en París, su revolucionario modelo de teléfono celular que funciona a monedas.

Su mecanismo, tributario de los antiguos teléfonos públicos que aún hoy adornan las calles españolas, no presenta mayores complicaciones: una ranura situada en uno de los costados del dispositivo permite a un usuario alimentar el crédito de su teléfono celular.

Este producto del mejor ingenio español presenta como virtud -en palabras de Manuel Sánchez, jefe del proyecto- la imposibilidad física de realizar llamadas telefónicas cuando no se tiene un duro, vamos, además de su rasgo ecológico, hombre, pues el cacharro no necesita de esas tarjetas de recarga que tanto contaminan un planeta en extinción.

Su estructura ha sido publicitada como inviolable y cumpliría todas las normas de seguridad pregonadas por la Unión Europea. Los investigadores prevén una red mundial de centros en los que los usuarios podrán acudir a fin de que la empresa telefónica pertinente recolecte las monedas consumidas.

Ajenos a las críticas sobre el problema de encontrar cambio en estos días tan virtuales y el peso que adquiere el adminículo a medida que se utiliza, los investigadores realizaron una demonstración de su primer prototipo, cuyo nostálgico nombre es "El pesetín", ante un público mayoritariamente francés que dudaba entre la perplejidad y la carcajada. Rápidamente los niños han descubierto que además de teléfono, con el reservorio a medio llenar, el teléfono sirve también para emular una maraca. El semanario Charlie Hebdó de hoy trae una nota poco amistosa sobre el dispositivo, adjunta de varios chistes gráficos. En uno de ellos se ve un conjunto musical español armado de teléfonos y una pancarta que reza "Los pesetines".

Los últimos rumores indican que los investigadores habrían desarrollado un nuevo modelo, que se llamaría "El diferido", cuyo crédito se alimenta de manera directa con cheques al portador. Contactado por nuestro equipo esta mañana, Manuel Sánchez no ha querido pronunciarse sobre esta hipótesis, aduciendo que lo primero será lograr implementar una versión comercial de "El pesetín". Entre tanto, los principales operadores telefónicos y las grandes marcas de teléfonos celulares no han querido decir palabra, lo cual, dado el caso, no deja de ser una falta de comunicación inaceptable.

martes, noviembre 17, 2009

Muestra de poesía peruana

avanzan sobre mí largos hombres y cabras

Rossella di Paolo, El desierto de Orem

*

la luna bailaba en el aire
alta y compacta como una tableta
la noche final en que Lao Tse dictó su libro
ante las puertas de la gran ciudad dormida

Mirko Lauer, Sobrevivir

lunes, noviembre 09, 2009

Doctores

Aunque ya poco me extraña, vale la pena el asombro. No es un impacto como el de ayer (un padre colgó a sus dos hijos, cuatro y siete años, y luego se colgó él mismo) sino de otro orden. A ciertos buenos doctores se les ha ocurrido ocurrente desplegar su imaginación en un congreso titulado (me permito todas las traducciones del caso) "2da jornada cogni-psi de la Salpêtrière". Estos señores han de haber encontrado gracioso, dada la crisis actual, dar un perfil económicofinanciero a sus títulos de ponencia. Por un motivo que se me escapa, el título de la jornada es "La depresión: ¿una crisis del ahorro cerebral?". Los títulos de las ponencias son como sigue:

- El suicidio: ¿decisión de crisis o crisis de decisión?
- Endeudamiento sináptico y saldo deudor, dos elementos clave en período de depresión
- La tristeza: una traba a la productividad
- El duelo: una inversión dolorosa

Tan vivos se creen que cuando busco, en francés, endeudamiento sináptico, google me trae sólo dos referencias, ambas a la dichosa jornada.

Sí, lo sé, parece joda.

Pero no lo es.

miércoles, octubre 28, 2009

Puedo

Puedo entender lo de la segunda vuelta, Mujica es tanto pintoresco como voluble, boca de vieja o calderita de lata, y a más de uno lo asusta el viento, la vespa y esa barba sucia que promueve la dispepsia de señoras bien formadas y habituées de tardes de rummy canasta. Basta recorrer brevemente las fotos de los editorialistas del panfleto El País para entenderlo.

Puedo entender lo del voto epistolar, en el fondo el adagio es si te fuiste, lola, chito, al rincón. Otras versiones de lo mismo, que buscan un argumento, refieren a la inconstitucionalidad, cuándo no. En la misma línea pero más sinceros, están quienes dicen que si votás estando en el exterior no sufrís o disfrutás el gobierno elegido. Esto último no está muy lejos de los argumentos básicos de tipo familia, patria y tradición. Dejando de lado el punto de ejercer un derecho como ciudadano, basta conservar una propiedad en Uruguay o tener una jubilación, por ejemplo, para sufrir o disfrutar de cualquier gobierno. Basta que decidas volver a Uruguay poco después de una elección nacional para lo mismo. Basta estar de viaje en el momento equivocado para... ¿Nos jugaremos al caso por caso? No creo, a cabecitas así los grises les rompen el esquema.

Hace muchos, demasiados años, un amigo -ingeniero, inteligente, profundamente cristiano- puteaba a boca de jarro a Jorge Gestoso porque desde el exterior criticaba a Uruguay. Para mi asombro absoluto, mi amigo concluía que por haberse ido no tenía derecho a opinar. Hablar, votar, variaciones de un mismo gesto. Todo esto puedo entenderlo.

El domingo pasado, con Milo escuchamos la radio, atentos como -pensé- cuando mi viejo escuchaba en una radio a galena la final del Maracaná junto a su familia y más de un vecino. Puedo entender el bajo nivel de la campaña porque escuchando la radio recordé el bajo nivel de la comunicación y -salvo raras excepciones, y una frecuenta este antro- de los comunicadores en general. Sería difícil explicar lo que siento cuando constato una-vez-más cuán bajo está el techo, cuando veinticinco años después, ya adulto y a once mil kilómetros de distancia, veo que siguen agitando el cuco del te van a robar la vaca, la parcelita, la china. Tristeza es poco. Desgarro es exagerado. Desolación se le acerca bastante. En todo caso, eso también puedo entenderlo.

Lo de la ley de caducidad no.

domingo, octubre 18, 2009

Flaubert

Por ahí a alguien le interesa. La Université de Rouen tuvo la gran idea de digitalizar los manuscritos de la novela Madame Bovary. Se encuentran en la dirección http://bovary.univ-rouen.fr/. También están los escenarios y los borradores de la novela, y una transcripción del copista (hermosa caligrafía) también corregida. Realmente vale la pena. En el sitio se cita una carta de Flaubert a Louise Colet, fechada el 15 de abril de 1852, que dice: "cuando mi novela esté terminada, dentro de un año, te llevaré el manuscrito completo, por curiosidad. Verás mediante qué mecánica complicada logro escribir una oración." Basta hojear los manuscritos para ver hasta qué punto esa mecánica era complicada.

domingo, octubre 04, 2009

Destino

Yo le dije lo de siempre, jugué a las mínimas variaciones acostumbradas, pero la ansiedad de algo importante la traía en las ojeras y en un fastidio mal ocultado. Mal de amores. Sí, pero hace tanto tiempo ya, dígame algo interesante. Amantes, uno en especial. Sí, lo sé, pero eso no tiene importancia, rotan como veletas. La mesa con la bola de cristal en el centro daba el kitsch digno de las viejas películas. La penumbra facilitaba la confesión. Lo único que pude leer en sus manos fueron sus anillos de oro, una vida sin esfuerzos y mucho sudor. Es cursi decirlo así pero era tal cual. Me apliqué a mi coreografía con esmero. Su marido. Ah, el muy miserable. Sí, déjeme seguir, su marido, su marido, oh. Cerré los ojos como si hubiera visto una aparición y temblé un poco. En el manual se denomina trance súbito y siempre surte efecto. Luego fui confirmando con un titubeo aproximativo. Su marido va a morir atropellado. Dios mío, ¿cuándo? Cerré los ojos, crispé mis manos. Hoy mismo. ¿Está segura? La mesa se movió y temblé de espanto ante la idea de una aparición. Vi su pierna, me tranquilicé. Volvió a exigirme. ¿Está segura de que va a morir atropellado? Sentí el alivio en su pregunta, eso sí pude sentirlo, y caí en trance nuevamente. Luego deshundí mis ojos y volví a confirmar. Un aire de inminente felicidad me despeinó un poco. No, no puedo asegurárselo por escrito. No, tampoco, aunque pague usted más; no hay más que el servicio VIP.

Un gesto extraño, el índice impertinente, los mil euros tirados sobre la mesa y el grito de más le vale que sea cierto todo lo que me dijo o nos volveremos a ver. Supe que había hecho un juramento. Mi secretario apareció luego de mis dos palmadas. Acompaña a esta señora hasta la puerta, Destino. Gracias.

Él volvió preparado y fue sólo un intercambio de miradas. Le di los doscientos euros convenidos para estas situaciones, las llaves del coche y lo envié a hacer valer su nombre.

jueves, octubre 01, 2009

La langue littéraire

Extraído de aquí, traducción mediante:

"El estilo es todo": la consigna lanzada por Flaubert repercutió durante todo este período [desde mediados del siglo XIX], retomada lo mejor posible (Céline hizo de ella su credo) hasta Claude Simon.

No sin ambigüedad. En efecto, Gilles Philippe señala que la misma palabra "estilo" cubre dos herencias diferentes. La primera está "encarnada por Maupassant y los "clásicos": para ellos el estilo no es en principio una realidad personal sino la búsqueda estética de una adecuación perfecta entre un enunciado y un contenido a expresar"; Gide, Camus, Montherlant o Yourcenar son representativos de tal exigencia de legibilidad. La segunda es "aquella de Proust y de los "románticos": para ellos el estilo es una firma irreductiblemente personal que traduce en palabras una "visión""; tanto para Céline, Aragon, Queneau como para Claude Simon, la lengua debe ser un "laboratorio" y no un "conservatorio". Sucede que en cualquiera de los dos casos, los escritores comulgan en una verdadera "religión de la oración".

Me gustó mucho la contraposición de laboratorio y conservatorio, dos estados de la misma cosa a menos de un desplazamiento temporal.

domingo, septiembre 27, 2009

De teorías poco graciosas

Cuando me imagino viejo, barbudo y cansado, querido apenas por algún gato, pseudo filósofo de cantina del estilo misántropo a conciencia, me veo escribiendo un vomitivo tratado cuyo título es "Teoría del humor". Me centro en los famosos one-liners y escribo el tratado entero en ese registro (intuyo que responde a una tipología textual más que a un registro, pero igual, a esa altura soy viejo y creo haber ganado el derecho de decir lo que se me antoja). Para honrar a Nietzsche quisiera escribirlo en alemán pero aun a esa edad sigo sin dominar tal engendro.

Nunca nadie lo leerá por completo. Ni siquiera yo mismo pues, siguiendo la sombra del Chapulín Colorado y de Mozart, usaré un generador automático de one-liners para escribir el cincuenta por ciento del mamotreto. Tengo en mente, si no le reventó el hígado a esa altura, pedirle un veinticinco por ciento a Arturito. Será la parte más subterránea. El resto será mío, supongo. Pero todo esto no importa porque en el fondo el libro es un chiste privado, es decir no gracioso. Como subtítulo manejo: "Lo que calló Jaimito" o "De la primera costilla a Jim Carrey, historia de una larga digresión". Como decía, un chiste privado.

Si para esa época, barbudo y cansado, tal vez algo canoso, la ley de Pareto me sigue amparando, el veinte por ciento de los lectores (tres, con suerte) se encargará de lanzarme los cuatro quintos de pedradas correspondientes. No es una mala perspectiva, después de todo. Indiferente, me limitaré a mencionar a Vonnegut y, entre bastones y gagueras, sabré que es por lejos mejor ser despreciado que caer en el olvido.

So it goes.

jueves, septiembre 24, 2009

Espectador

En estas conferencias es frecuente percibir una tenue niebla que huele a trigo, rastrear el origen, chocar visualmente con el molino de viento perseguido por el investigador que habla y gesticula en la tarima de turno, vagos recuerdos del speaker's corner. Y cuando de inteligencia artificial se trata, las posturas e imposturas se ofrecen como un abanico y a mí me da la oportunidad de evadirme para revisar un titubeante camino que lleva ya poco más de diez años.

Porque, se sabe, todo depende del cristal con que, a buen entendedor sobran, etc. Con ojos cosmogónicos, si cabe, el frío y la soledad son tan crueles que sólo se puede ceñir el sayo al cuerpo y seguir empujando en el desierto el carrito de supermercado pleno de cachivaches, creyendo que realmente se va a algún lado pero sabiendo en el fondo que hasta el templo de Salomón supo desaparecer un día hoy olvidado.

Un enfoque religioso murmurará vanitas vanitatum y se retirará, presumiblemente a misa.

Cuando el investigador es modesto, cuando asume la desigual lucha como un signo inequívoco de sus (nuestras) propias limitaciones, sueña en voz alta y sus sueños suelen ser compartibles, deseables, a veces nobles.

Pero cuando el desgraciado es uno de esos egos Zeppelin que acostumbra ventilar sus perlitas como si hubiera encontrado el Santo Grial o las notas destruidas por Einstein con la clave del campo unificado, entonces la charla degenera en soporífero y a mí me vienen esas ganas indecibles de también murmurar vanitas vanitatum y salir a ver si terminó la misa y quedó algo de la sangre del Cristo que sirva para acompañar una buena picada y algo de música.

Hasta hace un par de años me fastidiaba la impostura. Hoy día me apena ver gente así, consumida por un circo que no es ni mejor ni peor que otros, pero es, en definitiva, un circo. Una amiga insiste en que esa condición oculta un agrio fracaso en el plano personal. No lo sé y creo que tampoco me importa: para conjurar la pena que me da, recuerdo la oveja que comía la corona de hiedra de Zaratustra y decía Zaratustra ya no es un docto. Pobre estúpida.

Por lo demás, la enseñanza y la investigación se me antojan ocupaciones verdaderamente útiles, como la medicina o la carpintería o la música, por mencionar algunos ejemplos. Pero Jeremy Rifkin tiene razón: trabajar como un burro es indecente. Además del riesgo de convertirse en uno y terminar en una noria, fatigando molinos que no de viento pero molinos al fin.

sábado, septiembre 19, 2009

La excepción confirma la regla

Curioso cómo un detalle le puede arruinar la digestión a cualquiera. En España la compañía "Pepe's Uey", buscando unir lo lúdico a lo culinario, acaba de anunciar la comercialización de sus ingeniosas olivas bravas sin nuez. Nombre de dudosa eficacia publicitaria, la compañía se compromete a que cada lata de aceitunas sin carozo cuente siempre con -exactamente- una que albergue al susodicho. La noticia ha sido recibida con regocijo por niños perversos y más de un dentista de barrio.

Honrando la sangre española, el Rastro de Madrid ha visto nacer la primera tómbola de las olivas bravas. De reglamento sencillo, el juego tiene como ganador al afortunado que consiga comer la aceituna con carozo. La inversión es escasa; el escenario, de lo más austero. Una mesa al aire libre, la lata abierta encima y una extensa cola de ambiciosos que por un euro eligen la aceituna, y luego de persignarse y encomendarse a algún santo cierran los ojos y se llevan el preciado elipsoide a la boca.

Las variantes no se han hecho esperar y en la Rambla barcelonesa, donde el juego ilegal es tan profuso como turistas y estatuas vivientes, los rumanos proponen un doble o nada: quien encuentre el carozo puede retirarse con el premio o bien acertar de una escupida a un blanco colocado a una distancia imposible. Si acierta, se lleva el doble del premio. Si pierde, debe desembolsar el equivalente del mismo y no tiene derecho ni al carozo.

Por desgracia la Organización de Consumidores y Usuarios ha logrado terminar con esta fuente de gozo popular luego del creciente número de casos de atragantamiento de niños y viejos y despistados de todo pelaje. En el fondo, ha declarado Jaime Bernstein, presidente de "Pepe's Uey", esta decisión es un atropello a la libertad de empresa y al derecho a la excepción, sobre el cual, según comentan fuentes allegadas, Bernstein había decidido erigir el promisorio imperio de su empresa familiar.

Por un efecto de moda, en las últimas semanas se ha afirmado que algunas empresas de preservativos manejarían la idea de introducir en el mercado paquetes de profilácticos basados en el mismo principio: todos perfectos, uno imperceptiblemente roto. Hasta el cierre de nuestro semanario ninguna de las compañías ha confirmado o desmentido el rumor que, salvo casos aislados, no ha sido muy bien recibido por el público. Creemos que porque la tómbola del condón resulta más difícil de llevar a cabo. Además de la Organización de Consumidores y Usuarios, y las buenas costumbres, claro está.

lunes, septiembre 14, 2009

Levrero

Porque él no tenía ni idea de lo que podía causar, estar de visita en París después de dos años, pasar por casa, acercarse a la biblioteca, dejar caer un che, se ha agrandado, y casi de inmediato, al llegar a la trilogía involuntaria de Levrero que hace poco encontré en una librería minúscula de Figueres, gran milagro, decir como si nada mirá, Levrero, a mí se me murió Levrero, sí, se me murió, algo que sólo un médico que vive la medicina como él puede expresar en esos términos, ignorando ciclos vitales y épicas varias, Levrero no se murió, se le murió. No, él no tenía ni idea de lo que podía causar, pero como tampoco me va de exagerado todo fue más bien una pregunta tímida que podía ser algo como mirá, el mismo Levrero, el escritor. Sí, sí, pero en ese momento yo no sabía quién era.

Luego mi amigo me dice que lo trató hasta el final y me relata brevemente el episodio, antes de que la charla derive de un vocabulario codificado hacia las cosas verdaderamente importantes, es decir el tamaño indecente de los champiñones que prometí prepararle a la sartén, junto con el pavo que tanto extrañó, la salsa que adora, el vino omnipresente, y ya la charla está en otro lado, en Uruguay, en Francia, en su hermano en España, en su amiga en Andorra, la charla está en todos lados pero no está conmigo, continúo pensando en Levrero, en la casualidad, esa misma casualidad que me llevó a encontrarme con este amigo el día anterior en la calle, por el Bd Saint Michel esquina Vaugirard, mientras yo esperaba su llamada, en el momento exacto en que yo miraba el celular de Milo a ver si sonaba y él venía buscando un lugar para comprar una tarjeta para telefonearme, darnos de frente, sentir un grito bien uruguayo y bromear con que París es un pañuelo.

La charla siguió, por todos lados pero no conmigo, aunque yo estuviera con ella y con los champiñones, que quedaron buenísimos, gigantes, oscuros, tan oscuros como Levrero y sus alas, como Levrero y sus novelas acuarelosas, como el largo sueño que él llamó La Ciudad, novela que ocho años después de perseguirla por tantas otras ciudades terminé entre una noche de insomnio y un aeropuerto, una semana antes de otra noche de insomnio en la que no pude dejar de pensar en que se nos murió Levrero, se nos murió, y aunque yo no forme filas junto a sus apasionados admiradores, se nos murió y así vamos.

miércoles, septiembre 09, 2009

Manuscrito

Hacia fines del invierno de 1998, la lluvia y el tedio me ayudaron a encontrar, en una librería de la calle Tristán Narvaja, un volumen de Los viajes de Marco Polo. La edición, muy decente pero en absoluto extraordinaria, era la anotada por Cristobal Colón. Entre sus páginas algo amarillentas, pasado el último capítulo, encontré una hoja manuscrita cuya naturaleza negaba la tosca factura del libro. Tenía, en su esquina superior izquierda, el dibujo de un indeciso mapa mundi que despertó mi curiosidad. Confirmé luego lo que sospeché entonces: las líneas trazadas en color bermejo correspondían a lo que se conoce como la ruta de la seda. La hoja no ostentaba firma, pero su textura, los colores y la caligrafía me hicieron recordar vagamente las técnicas empleadas por los copistas para perpetuar el Libro de Kells. En su breve extensión descansaba, estimo, la tinta de un impostor. En ese improbable epílogo a sus viajes, Marco Polo registró el breve relato que transcribo.


Del verdadero objetivo de mis viajes

He recorrido el vasto prodigio que llamamos Oriente. Conozco la luz de nuestro Señor Jesucristo, la indulgencia y el asombro del Gran Kahn, la corrupción de los sarracenos en su miserable observancia de la ley de Mahoma. En rutas sin nombre ni días he vivido el rigor de la tormenta, el asedio del hambre, el venturoso reencuentro. Todo ha sido un largo rodeo para contemplar al fin un cuchingo, animal de curiosa fama, cuya piel no es menos valiosa que su osamenta, de la cual se obtiene un poderoso afrodisíaco que pregonan magos y ansían mercaderes.

He leído que la tierra de Occidente es digna de la curiosidad de estos animales. He oído, también, el canto del bardo desde Venecia hasta la China: de todos los cuchingos, el más buscado es el de Oriente. Hoscos, se los ha visto esconderse en las cuevas del norte de la provincia de Zorzania, o en oasis abandonados camino a la gran ciudad de Lop, yendo desde Saciú, donde el sol curte y las noches tiemblan.

Afirma la leyenda que la región de Abascia fue la primera poblada por cuchingos salvajes, domados con paciencia y sudor por el ejército del rey en un tiempo que ya no es el nuestro. Sabios y bárbaros me han jurado decir verdad al referir que las huestes enviadas por el Sultán de Adén al de Babilonia, cuando el sitio de Acre, montaban por igual caballos, camellos y cuchingos. Lo juran por sus antepasados, quienes, a su vez, lo juraron por los suyos. En mis travesías sin cifra, no ha entendido la gracia que yo vea más que caballos y camellos.

Algunas voces, oscuras, sugieren que los cuchingos se han extinguido. No he querido aceptar esa deshonra. Mi vida es tributaria de mis viajes. Mis viajes, un largo rodeo hasta un enigma, durante el que he consentido, sin vacilar, el sol y la luna; jamás la derrota. Mi voluntad es inquebrantable. Sólo el designio de nuestro Señor o la infame espada del sarraceno podrán refutarla, pues el plazo que me he establecido para encontrar un ejemplar de cuchingo coincide con el fin de mis días.

Acaba, ahora sí, el libro de micer Marco de Venecia. A Dios gracias.

miércoles, septiembre 02, 2009

Barométrica espiritual

Apuntes para una publicidad de los años ’50, cuando un buen jingle hasta podía cotizar en bolsa.

(voz en off; primer plano de una iglesia indefinida, ecléctica; se alcanza a ver el cartel con el número de calle: doce sesenta y ocho)

Si se te ha colmado el alma de mierda, oh hermano, acude a nuestra sede, ven, únete y entona con nosotros la canción de la barométrica espiritual, cuyas primeras estrofas rezan como sigue.

(dentro de la iglesia; coro de monjes gregorianos aunque uno toca la guitarra y varios tienen pandereta; todos cantan)

y lleva fondo de guitarra
y nuestro coro invade lento
y con perdón de la gansada
se va llevando el excremento

oh hermano no hay blasfemia
ven y prueba, verás que es bueno
resultados garantizados
o devolvemos tu dinero

mal de amores, una distimia
una gripe o ese juanete
nuestro canto, aseguramos
es superior a tu retrete

(suena un teléfono; el coro se detiene y el monje de la guitarra atiende)

–Barométrica espiritual, escucho. Sí, señora, por supuesto que aceptamos tarjeta. Y hasta puede pagar en tres cuotas sin recargo. Venga nomás a nuestra sede en Valencia doce sesenta y ocho.

(pausa de medio segundo; los monjes se miran entre sí, satisfechos)

–Sí, señora, también cura el empacho. Y traiga su canario sin problemas, ya veremos lo de la patita triste. Tome nota: Valencia doce sesenta y ocho.

(el monje cuelga; todos miran hacia el cielo, que es en realidad la bóveda de la nave principal de la iglesia; una luz tenue aparece en lo más alto, insinuando un mensaje ambiguo)


FIN

sábado, agosto 29, 2009

Espejo

Yo también lo noto cada vez más. Cuenta Borges en "El congreso":

Noto que estoy envejeciendo; un síntoma inequívoco es el hecho de que no me interesan o sorprenden las novedades, acaso porque advierto que nada esencialmente nuevo hay en ellas y que no pasan de ser tímidas variaciones.

jueves, agosto 27, 2009

Cuadernos

Año 95, anotado en el margen de la última carilla, casi como al descuido, una frase que refleja una época aforística y lejana.

Hasta la nuez más hueca quiere ser cascada.

martes, agosto 25, 2009

Hadopi

Como era de esperarse, en torno a la famosa ley Hadopi se ha construido un circo -irónicamente- mediático. Mientras los políticos siguen en la Edad de Piedra, más de uno nos reímos bajito por la complejidad técnica que esta ley ignora. Sigue una traducción de un correo vagamente articulado pero lúcido que me envía un amigo francés, fotógrafo en la alta costura durante veinte años.

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Con respecto a la ley Hadopi, Karl Marx (a quien no leí) habló en su momento del mercado del arte. Hace aproximadamente un siglo, Walter Benjamin se preocupó por "La obra de arte en la era de su reproducción técnica". Hace diez años, durante la Burbuja.com, algunos economistas afirmaron que Internet tendría tanto impacto en la sociedad como lo tuvo el tren. ¿Qué reflexión llevaron adelante los políticos, filósofos y sociólogos para comprender la evolución actual y preparar el futuro? Las grandes empresas y los políticos no han comprendido aún que la posibilidad de la reproducción digital representa un cambio de amplitud equivalente a la posibilidad de reproducción mecánica (foto, audio, audiovisual). Ejemplo sencillo: la foto (reproducción mecánica) modificó la pintura al liberarla de su obligación de realismo, lo cual permitió el impresionismo y la mayoría de los movimientos pictóricos que surgieron luego. El modelo económico de la pintura cambió. La foto tuvo igualmente un impacto sobre el periodismo et todo lo relacionado con la comunicación. El hecho de que algunas personas ganen dinero por la reproducción controlada de su trabajo es bastante reciente en la historia humana y nada garantiza que durará por siempre. En una economía mundial que considera (y que nos enseña regularmente) que lo menos caro es siempre lo mejor, es inevitable que ciertos precios rocen el cero. De hecho la economía mundial quiere siempre más intercambios, menos caros, pero a condición de que impliquen un intercambio monetario. Uno de los problemas con esta ley es que gracias al lobby de algunas empresas, los políticos y la sociedad llegaron a confundir propiedad intelectual (que concierne numerosos sectores) con beneficio de las empresas del sector musical y audiovisual (vos podés piratear cuantas fotos quieras, incluso para una utilización profesional; si los autores no te encuentran, estás tranquilo). Y entonces todo el mundo piensa que los músicos y la gente del cine son los únicos que producen obras intelectuales, lo que está lejos de ser la realidad. Personalmente me sucedió de percibir derechos de autor, pero jamás entendí por qué. Cuando compraba un CD virgen para grabar MIS fotos, tenía que dar dinero a los músicos que pasan por la radio, incluso en una radio que en mi vida escucharía.
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Este amigo no me deja poco trabajo de elaboración y síntesis, pero varios planteos son muy atendibles. No conocía el ensayo de Walter Benjamin, que interesará sin duda a Krahd, si es que sigue frecuentando este pueblo fantasma, lo cual dudo. Leyendo el artículo de la Wikipedia me entero de que existió un filósofo llamado Theodor Adorno, menudo apellido para un filósofo. En todo caso, después de la censura que hizo el Consejo Constitucional de los artículos que violaban el principio de presunción de inocencia, la ley Hadopi es uno de los tantos muertos vivos que pululan perdidos por el Derecho francés.

jueves, agosto 20, 2009

Milonga sentimental

Todavía puedo recordarme, casi imberbe, sentado a la espera del partido, imitando como un idiota el hand shaking de un módem 14.400, el chiste fácil, un diálogo que caracoleaba lento. Han pasado más de doce años y todavía puedo recordarte, igualmente imberbe y sentado a la espera del mismo partido, cordial ante el idiota desconocido que imitaba algo que bien podría ser un módem o una cascabel borracha, el chiste fácil, un diálogo que ya luego fue largo y, por lejos, inteligente. Varón, vos también leíste El Libro desde el alfa hasta el omega. Habló el ángel cuando la mano de Abraham iba a ser sobre Isaac. Varón, cada cual entierra sus muertos, pero a veces no hubiera estado nada mal que apareciera el mismo ángel en aquel Moriah llamado Montevideo, cuando cayó el chaparrón que se anunciaba hacía años, una tarde infame de la que después sólo quedaron días y más días de horizonte y yerma.

*

milonga pa' recordarte
milonga sentimental
otros se quejan llorando
yo canto por no llorar
tu amor se secó de golpe
nunca dijiste por qué
yo me consuelo pensando
que fue traición de mujer

lunes, agosto 17, 2009

Debilidades

Los Dupont son así, de un civismo envidiable, por eso apenas bajan a la playa poco después de mediodía, Jean, padre y jefe de familia como pocos, decide cuidadosamente el terreno a conquistar esa tarde. A los Dupont no les gustan las presas fáciles, una pareja de ancianos apoltronados, por ejemplo, o un grupito de niños que se excitan alrededor de un mamotreto que llaman castillo de arena y cuyos padres aplauden y sacan fotos que harán bulto en algún álbum familiar. Por eso Jean, antes de dar luz verde al resto de la familia, escruta milímetro a milímetro la playa, buscando un enemigo digno de tal nombre. Cuando lo encuentra, luego de confirmar con los binoculares que la empresa valdrá la pena, da la señal, que consiste en adornar la arena con el pucho que estaba fumando, para luego golpearse fuerte el pecho y eructar con estrépito mientras señala el rumbo, a lo que el resto de los Dupont se ejecuta en la breve travesía.

Por lo general eligen bandas de adolescentes que combinan poses de lagartija con charlas insípidas en injustas medidas, con lo preciados que son el sol y el silencio, pero si el enemigo avistado por Jean es otra familia con las dimensiones de los Dupont –que suelen ser no menos de quince en bajar a la playa–, la empresa adquiere unas dimensiones épicas que arruinarían la digestión a más de un antropólogo social.

En casos así la primera etapa es la más simple, los Dupont se dividen en tres grupos –pero es tan natural, parecen una jauría entrenada– y proceden a cercar el objetivo. El grupo de los niños se emplaza cerca del agua de una manera tan inocente que quién diría, y ya Guillem, François, Michel y los primos de turno vacían, entre gritos agudos y tironeos de pelo, los cuatro o cinco bolsos que han llevado. Para ese entonces las presas, que tomaban sol tranquilas, leían revistas y observaban con rigor científico anatomías diversas, han sido alertadas por los niños Dupont, que se han plantado sin derecho de ciudad a cincuenta centímetros de ellos, con su arsenal de baldecitos, palas, rastrillos y pelotas para todos los gustos y deportes.

Las consignas que tienen los niños son precisas, deben cavar pozos interminables, traer agua sin cesar, echarla por todas partes para que se formen charcos inmundos, salpicar arena y agua al terreno rival, pero no mucha, sólo la suficiente para que Jean pueda gritarles, desde el otro lado del territorio sitiado, que se dejen de joder a esa pobre gente o va a ir a cagarlos a patadas en el culo. De inmediato Jean cambia el tono y se disculpa con el enemigo, estos chicos nunca aprenden pero la letra con sangre entra sí señor. Los niños dicen sí papá y se disculpan con los vecinos en forma locuaz, abundan en gestos y si está Clément, efectuará las reverencias que tanto le gustan de las películas de karatekas. Hasta el más indiferente suele decirle a Jean no hay problema, señor, los chicos son chicos y la arena y el agua no molestan tanto, además en la playa, se entiende.

Frente a ese signo de debilidad se activa el sector de las muchachas Dupont, que encienden un equipo de audio a un volumen al límite de lo soportable y comienzan a bailar mientras gritan, ríen, se empujan como idiotas con el único objetivo, tal cual lo indican sus consignas, de lograr que una de ellas –casi siempre Delphine pero a veces Florence, que pesa noventa y ocho kilos– aterrice literalmente en territorio enemigo. Si la muchacha ha cumplido bien su tarea, es decir que ha creado una tormenta de arena en miniatura y hecho volar pertenencias varias al enemigo, resultará natural que desde el tercer grupo las tías Marguerite y Danielle dejen de leer –aunque en realidad no están leyendo sino esperando– y comiencen a imprecar castigos severísimos que le esperan al regreso al camping, y ahora salís de ahí, mocosa, si no querés que te vayamos a buscar nosotras mismas.

La familia sitiada observa cómo se retira la muchacha, acepta con resignación las disculpas verbales de las tías, que proceden, acorde al plan, a invadir gentilmente el territorio deseado para ofrecer pastelitos, quiches y fruta como muestra de buena voluntad y forma elemental de disculpa. Ante la usual negativa, Jean dice desde lejos, masticando con la boca abierta y escupiendo migas al mismo tiempo que fuma, curioso prodigio, que por amor de Dios prueben el quiche que es el que hace su madre. Luego agrega un vení, mamá, mostrales cómo amasás pese al brazo ortopédico, que hace temblar a los vecinos. Esta es la etapa crítica del plan. Jean levanta a su madre, que simula dormir en una poltrona, y la arrima lentamente a los vecinos, que no han logrado deshacerse de las tías y hacen gestos demesurados para que no importunen a esa pobre viejita, pero ya es tarde porque la nona está ahí, se acaba de quitar el brazo ortopédico para mostrárselos mientras les detalla en qué penosas condiciones perdió su miembro, los conmina cortésmente a tocar el brazo ortopédico para apreciar su textura, y explica que tiene otro que no es brazo sino palo de amasar, que es una maravilla. Las tías insisten con el quiche y nunca falta un vecino, generalmente los mayores, que acepte y opine sobre lo exquisita que está la tarta en cuestión y sobre los avances de la ortopedia, adónde iremos a parar con tanta tecnología, momento en el que un profundo olor a mierda invade el territorio enemigo y la nona, cumpliendo con el aspecto más ingrato del plan pues le requiere una dieta adecuada y un timing ejemplar, le dice a Jean mi viejo, me parece que me cagué de nuevo.

Entonces todo tiene que suceder muy rápido y los Dupont han ensayado invierno y primavera esta última parte del plan. Mientras los vecinos ponen cara de asco y se niegan a seguir comiendo quiche, las muchachas suben el volumen del equipo de audio, los niños comienzan a salpicar con vehemencia el territorio enemigo de arena y agua, y la nona amaga a bajarse el pantalón corto ahí mismo para que las tías la asistan en la faena. Pero las tías están gritando a las muchachas y Jean hace lo propio con los niños mientras sigue escupiendo migas y fuma, así que la nona se dirige a los vecinos y les detalla un compendio de peripecias de orden escatológico, con lujo de detalles, colores y aromas, que logran el efecto esperado. Por lo general un vecino mira el reloj pulsera con asombro o comenta cómo está pegando el sol, ya es hora de irnos. La nona suele estar describiendo con minucia cuánto la perjudica la diarrea en la playa, y que de seguro desayunar frijoles fritos no la ha ayudado, las tías intentan atrapar a Delphine o Florence, que para ese entonces corre nuevamente por territorio enemigo y pisa toallas, patea sillas, levanta más arena que el Siroco.

No son pocas las familias que se van corriendo y abandonan sus pertenencias sin despedirse. En casos así los Dupont las apilan metódicamente y las colocan a un costado pues luego las encomendarán como objetos perdidos a los guardacostas o a la comisaría del pueblo. Serían incapaces de quedarse con algo que no les pertenece porque ellos, por sobre todas las cosas, no son ladrones sino gente muy honrada, aunque en cuestiones de territorios tengan sus debilidades, que quién no tiene una en esta vida.

martes, agosto 11, 2009

Ponencia

Se sabe, un mono con corbata es ante todo un mono respetable. Estupefacción inicial en el vasto anfiteatro cuando Soni, trajeado a ultranza y con corbata de seda, irrumpe peludamente y a saltito corto en la magna sala. El primero en ponerse de pie y decir pero qué sucede aquí, esto es un atropello, es el jefe de cirugía Pedro Cornugatti, pero ya Soni al lado del micrófono, señores, si me permiten, por favor vuelvan a sentarse, Randal Keynes ha sufrido un sofoco a causa de los calores tan propios de éstas, vuestras latitudes, y me ha encomendado que lo supliera en esta importante conferencia, les pido tomen asiento.

Al jefe de cirugía lo terminan de convencer la antropóloga Lucy Pómez y el famoso psicolingüista Esteban Rosadilla, cuyo modelado de la producción morfológica en base a un álgebra de procesos mentales ha sido motivo de malentendidos, discusión y envidia durante los últimos tres lustros.

Soni no parece intimidado frente a las cuarenta y ocho eminencias que lo observan en silencio. Indiferente a su condición de chimpancé ajusta el nudo de la corbata de seda y dice con voz chillona pero digna me he tomado el atrevimiento de modificar el tema de la ponencia, estimados colegas, quisiera versar esta ilustre noche sobre la influencia de la luna llena en el sapiens sapiens. Silencio en la noche. Alguien tose dos veces. Pero esto es totalmente absurdo, me sacan ahora mismo a ese mono de ahí arriba, opina al fin el cirujano Cornugatti, que es silenciado por un unánime chistido de la sala, curiosa ante el contenido de la ponencia o quizá por su orador, mientras el famoso psicolingüista susurra a Lucy Pómez que la dicción del primate es digna de elogio y misterio.

Pues bien, amable audiencia, asumo inútil recordar aquí la innúmera lista de estudios correlativos tendientes a mostrar el aumento vertiginoso de los actos de violencia en noches de luna llena como la de hoy. En el último artículo que publicamos con Randal –crece un murmullo en la sala, que Soni aplaca carraspeando y levantando la voz–, desarrollamos la analogía entre los mares y los fluidos del cerebro. El poder de la química cerebral –pausa enfática, Soni baja un poco sus lentes para pasear la mirada por la sala– no es ignorado por nadie aquí presente. Esto es una payasada intolerable, dice Cornugatti a la antropóloga Pómez, tenemos que hacer algo para librarnos de este simio. La sala vuelve a chistar, la eminente antropóloga la observa como pidiendo perdón por la actitud del cirujano, mientras Soni continúa citando de memoria los últimos estudios en el área. Curioso cómo recuerda tantos nombres de autores, escenarios detallados de experimentaciones, porcentajes, Soni genera asombro en la gran sala, salvo por el jefe de cirugía, que se limita a murmurar que no fue allí a ver cómo un mono le vende espejitos de colores. Ese artículo es puro invento, murmura repetidamente, mientras busca con la mirada un cómplice en el anfiteatro. Es la envidia, dice Rosadilla a la antropóloga, déjelo que se le va a pasar. ¿Ha visto la motricidad fina del primate? Es prodigiosa.

Por todo esto, estimados colegas, al acercarse la luna a la Tierra, suben los fluidos cerebrales, poniendo los pelos de punta del sapiens sapiens y generando reacciones violentas incluso en sujetos que uno no diría jamás.

Esta perogrullada se termina acá mismo, grita el cirujano Cornugatti al tiempo que se pone de pie y hace volar de una patada la silla, que llega a escasos centímetros de Soni. Este simio se retira ahora mismo de aquí.

Es triste ver cómo ciertos desenlaces obedecen al tiempo como el cuerpo a la muerte. Con un cabeceo discreto dirigido a la antropóloga y al psicolingüista, Soni consigue que ambas eminencias sujeten al jefe de cirugía. Cuatro colegas más se unen para recuperar la silla, volver a sentarlo y por fin lograr que quede inmóvil, mientras Soni comenta con voz tranquila, aunque siempre chillona, que en noches de luna llena los integrantes de la tribu Timbuki, nativos de la estepa de Namibia, suelen empalar un chimpancé junto a una hoguera mientras danzan hasta la madrugada bajo cantos regidos por el brujo de la tribu. Qué pena que se le haya escapado este mono insufrible, grita Cornugatti mientas intenta zafarse de sus colegas. Los voy a denunciar a todos, del primero al último y ese mono con suerte termina en un circo. Soni, algo triste, mira hacia una ventana por la cual se puede ver la luna llena. Dictamina, luego de reflexionar en silencio unos segundos, que, aunque le pese profundamente, lo mejor será amordazarlo, a lo cual las eminencias se disputan por tener el honor porque el jefe de cirugía les ha causado un espectáculo digno de vergüenza al interrumpir y ofender a tan meritorio disertante, que vuelve a ajustar el nudo de su corbata y ya retoma su discurso con una voz que no es la misma.

El instrumento que se usa en el empalamiento, señores, es una larga estaca como ésta que he traído, véanla, no tiene misterios ni fisuras, y mantengan así a nuestro admirable cirujano, tan interesado en los circos y en el trato que los chimpancés reciben de la tribu Timbuki. Inútil que Cornugatti forcejee de esa manera, el psicolingüista, la antropóloga y las otras cuatro eminencias obedecen con devoción a Soni, lo ven descender de la tarima, canturreando una melodía gutural y extraña mientras se acerca casi como bailando, de traje y corbata y sonriente, se acerca estaca en mano al jefe de cirugía que dice –se adivina entre los bufidos– que tampoco es para tomárselo así, que él admira a Randal Keynes, que dónde quedó el espíritu crítico, el sentido de la ciencia, la dignidad entre colegas, y otras fórmulas muy oportunas y siempre bienvenidas en eventos de esta naturaleza.

jueves, agosto 06, 2009

Groucho

-Vos siempre el mismo anacrónico, negro -me apostrofa Arturito de los tres pelitos, que volvió de un largo invierno y desde hace media hora investiga mi nuevo apartamento-. Ahora te colgás con la genialidad de Groucho Marx y no hay quien te soporte, leés encerrado en el baño del hotel para no joder a aquélla, como si contigo no tuviera suficiente, buscás durante horas en Internet, arrasás youtube cual pichón del azote de Dios, vos que de huno no tenés ni medio, si me permitís chascarrillo y figura por el mismo precio. Che, linda cueva tenés ahora, qué andarás fabricando.

Lo interrumpo para comentarle que lo que el tipo le hace a Bill Cosby es para sacarse el sombrero.

-Y vos de seguro te sacarías el chambergo o el jipijapa, sin querer ofenderte. Naciste en el siglo equivocado, mi viejo -me alcanza un vaso de vino-. Catame este tinto Rioja que te traje de España. Es crianza y propiamente un asco, mejor sería masticar roble o la sordina del piano. Lo que es un milagro es que no te gusten los vestidos de muselina y no honres ajenjo y rapé como debería alguien con tu perfil. A ver, nombrame un filósofo, un músico, un humorista y un escritor que veneres y estén vivos.

Vacilo algunos segundos, digo que eso de venerar habría que verlo en detalle, luego cito en orden y poco convencido a Sloterdijk, Gad Elmaleh, Abelardo Castillo y me quedo en blanco, pensando en un músico posible. El vino es intragable. ¿Smith? ¿Waits? ¿Buarque? ¿Calamaro? ¿Jarret? ¿Tiersen? Decisión imposible, queda poco y lo que llega, cuando no es mierda en polvo, apenas se acerca a lo aceptable.

-Mirá -me dice canchereando, mientras revisa todos los armarios de la cocina en busca de algún sólido-, el germano te gusta por provocador, decís Gad sabiendo que Pettinato es más brillante y que a Ryan Stiles no le llega ni a los tobillos, fijate un poco. Y Castillo, maestro, se lo merece, pero tanto como Peri Rossi. Pero no sabés qué más decir porque vos en realidad hubieras querido decir Nietzsche, Mozart, Groucho y Poe, o, por qué no, llenarte la boca con Thoreau, Gainsbourg, Coluche y Borges, u otras variantes similares, figuritas que, mal que te pese, están más manoseadas que las remeras con el Che estampado.

Me limito a acotar que tal vez no se equivoque.

-Gran amante del litote saliste, perlita de arrabal. Tu problema no admite demasiadas soluciones. Dejando de lado el suicidio, que negás andá a entender por qué, tenés la nostalgia, el polo norte y el rummy canasta.

No recordaba que le gustara tanto cansar los maxilares. Además no es exactamente un litote por el rasgo condicional del tal vez. Pero lo sabe, me está toreando. Cito de memoria a Luis Rosales: como sé que al morir terminará la muerte.

-Y mi tía Gregoria -me dice antes de abrir la heladera-. Bueno, pizpireta dama de organdí, hasta la heladera está vacía. Rajo al súper a comprar algo porque ya veo que vos mucho Groucho pero para picar ni un queso pasado de época como vos, esas franchuterías que te gustan tanto y que además de abundar en grasas saturadas sirven para espantar cucarachas y mosquitos. Aguantame. Te dejo masticando el vino.

Tal vez vuelva. Difícil saberlo con Arturito. Por lo demás, tiene razón, cada lectura de un suplemento cultural, cada acercamiento a los estantes de novedades en librerías y disquerías confirman lo que la bestia de los tres pelitos dice con tanta dulzura. Dejando de lado otras decadencias que plagan los cuatro vientos, la que más difícil me hace la vida es una de orden estético. No creo que cambie. Ni la situación ni Arturito. No es grave, el polo norte no está nada mal, lo cual, además de confesión, califica como litote.